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Biblioteca Oscar Masotta

La biblioteca de la Escuela Freudiana de la Argentina

Autor

Biblioteca Oscar Masotta

La biblioteca de la Escuela Freudiana de la Argentina.

Freud-Abraham: Correspondencia Completa. 1907-1926, Síntesis, Madrid, 2001.

Por Clelia Conde

freud-abraham-correspondencia-completaLos libros de correspondencias suelen ser reveladores, muestran algún aspecto desconocido de la personalidad de escritores o artistas, bueno, este no es el caso. Esta compilación muestra a las claras la correspondencia entre el Freud que conocemos por sus escritos y el Freud que se dirige en este caso a un discípulo, que fue también un amigo y un compañero en la causa del psicoanálisis en sus comienzos.

Vamos a encontrar en sus páginas la manera en que se abren paso los conceptos del trauma, duelo y melancolía, narcisismo, pero también los intereses comunes a ambos sobre la historia de Egipto, los números, la cultura. Muchos temas que unían a Freud con Abraham, algunos retomados teóricamente y otros que han servido de sustrato quedando subsmidos en la obra final.

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La vocación de escritor Catherine Millot, Ariel, Bs. As., 1993.

Por Luz Lemos

catherine-millot-la-vocacion-del-escritorCatherine Millot despliega en este libro la siguiente pregunta “¿Cuál es el goce que otorga al acto de escribir el poder de ser preferido a cualquier otro?” y continúa considerando el punto: “Este recorrido de la letra, desde lo que ella hurta hasta lo que ella restituye, es el que he intentado seguir, guiada por otra practica de la letra, el psicoanálisis.” El escribir añade el acto a la letra “cuya marca todos sufren…”

Considerando entonces que la vocación del escritor respondería a simbolizar cierto tipo de experiencia subjetiva y a calificarla tal vez como cercana a la experiencia mística…

Ella concierta a lo que comanda la vocación del escritor con una mística, nombrándola al modo joyceano: “epifanías”, ubica esta modalidad en la lectura de los poetas como Rilke o Mallarme, epifanías q determinaron para cada uno: ”el efecto de cierta relación con el lenguaje, determinada por la misma práctica poética”…

La autora va realizando un recorrido escogido por los poetas, entre otros indica respecto de Mallarme (*), que busca en la crisis del verso la contingencia que bordea el absurdo de la relación del sonido con el sentido, por el juego de las relaciones sonoras entre los vocablos.

Entonces el poeta llega a un desprendimiento en el que surgen estos objetos: que son “…una voz y una mirada, como separadas, suplentes del goce sin pies ni cabeza del que ellas son el soporte, el sentido abolido.”, (Mallarme, ob. citada). Entonces es por la práctica de la letra que el escritor espera lo que no podría esperar de otra manera… la satisfacción de su acto mismo.

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La voz da a ver… Cómo entrar en la palabra de otro…

Por Jorgelina Estelrrich

Si la peculiaridad que hace a una biblioteca es relativa al lector que la constituye y donde lo escrito es objeto de intercambio, de investigación, de difusión, en principio los modos de organización y funcionamiento que lo hacen posible no son ajenos a las medidas con las que se ajusta su construcción, disponiendo de un espacio común, constituyéndose este, una y otra vez, con algunos tramos ya hechos y otros por hacer.

Nuestra biblioteca no solo se va delimitando por los libros de los que se dispone, el trabajo de los textos y otros diversos materiales que la habitan, sino particularmente por los autores cuya obra nos orienta en la lectura y por la trama que entre escritores y lectores componemos y mantenemos en relación a la especificidad que hace a la formación de los analistas y en la transmisión de lo que el psicoanálisis nos enseña a partir del descubrimiento de Freud y la letra de Lacan, en el nombre de Masotta.

Es en razón de esto, que se abre a todos aquéllos con los que, también pueda extenderse hacia otros ámbitos de la cultura, tanto sea de la ciencia como del arte o de otros saberes que la discursividad de nuestro tiempo pone en juego.

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Lectores, libros, pantallas

Por Andrés Barbarosch

George Steiner en un libro habla de cuatro clases de dificultades a la hora de querer descifrar una palabra, un poema o un libro. Las primeras en nombrar son las contingentes que son las que voy a comentar. Todo es posible de averiguar en una biblioteca infinita, en una biblioteca de Babel tal como de la que habla Borges.

Es así que los problemas que puede suscitar la clínica psicoanalítica pueden ser tratados a partir de una biblioteca de psicoanálisis. Lo que a simple vista parecía ficción científica se transforma en una ilusión verídica al pensar en la cantidad de libros digitales que habitan en la web, en bibliotecas virtuales y que pueden ser leídos en una pantalla. La biblioteca virtual amenaza a sustituir la material. Seguir leyendo «Lectores, libros, pantallas» →

Fotos de la biblioteca

Homenaje a Freud a 159 años de su nacimiento

Un cráter en la luna. O dos
Por Patricia Martínez

“No cuenten con que celebraré los hechos de la vida de Sigmund Freud. Ustedes conocen su obra y ¿quién no la conoce? ¿Quién de nuestra generación no la formuló íntimamente y la transformó? Ella vive, magnifico descubrimiento del alma humana, como leyenda inmortal en todos los idiomas, y esto en el más estricto sentido de la palabra, porque ¿existe acaso una lengua que pudiera no echar de menos y carecer otra vez de los conceptos y los términos qué le arrancó al crepúsculo de lo inconsciente?”
Palabras pronunciadas por Stefan Zweig en los funerales de Sigmund Freud.

El 6 de mayo de 1856, en un pueblo de Moravia, que para esa fecha formaba parte del Imperio Austro Húngaro, nació Sigismundo Freud. El pueblo se llamaba Freiberg, luego paso a llamarse Pribor, actual república Checa.

Ochenta años después, el 6 de mayo de 1936, para el octogésimo aniversario de Sigmund Freud, un grupo de intelectuales de la época le dirige una carta pública de felicitación. El texto estaba encabezado por Stefan Zweig, Thomas Mann, Romain Rolland, Virginia Woolf, Hebert G. Wells, y adherían al mismo cerca de trescientas cincuenta personalidades de la talla de Salvador Dalí, Hermann Hesse, André Gide, James Joyce, Robert Musil y Pablo Picasso por solo nombrar algunos.

Hoy, la sola mención de la fecha nos da el clima social de la época. Hitler y Mussolini estaban en el poder, España a punto estallar, ya se podía percibir la sombra siniestra de los tiempos por venir. Tres años antes, el 10 de mayo de 1933, los libros de Freud fueron entregados a la hoguera por el régimen Nazi.

En ese contexto, que un grupo de intelectuales y notables hiciera pública una carta de reconocimiento al hombre cuyos libros eran censurados cobra otro valor y por si solo vale el recuerdo del texto, que da por otro lado, cabal idea de los alcances que en la cultura produjo la obra de Freud.

“Qué el octogésimo Aniversario de Freud sea una venturosa oportunidad para expresarle al iniciador de un nuevo y más profundo conocimiento de la humanidad, nuestras congratulaciones y nuestra veneración.

Este intrépido descubridor, importante en cada esfera de su trabajo, como médico y psicólogo, como filósofo y literato, ha sido durante dos generaciones, un guía a través de regiones de la mente humana hasta entonces inexploradas.

Espíritu completamente independiente, un “hombre y caballero de osado mirar” como Nietzsche dice de Schopenhauer, un pensador e investigador, que supo resistir solo, y sin embargo atraer a muchos.

Avanzó por su camino y llegó a verdades que parecieron peligrosas porque ponían al descubierto lo que el miedo había escondido e iluminó lugares oscuros.

Expresó nuevos y diversos problemas y cambió normas antiguas. Su búsqueda y sus hallazgos ampliaron enormemente el alcance de la exploración intelectual, e incluso hizo que sus opositores se conviertan en deudores suyos por el ímpetu del pensar creador que les transmitió.

Aunque los años futuros puedan superar o modificar este o aquel resultado de su investigación; las preguntas que Sigmund Freud hizo a la humanidad nunca podrán silenciarse, ni sus hallazgos ser negados u oscurecidos por mucho tiempo.

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En los anaqueles: julio 2015

Libros adquiridos:

  • Lacaniana 1. Los Seminarios de Jacques Lacan (1953-1963), Moustapha Safouan, Paidós, Bs. As., 2005, 270 pág.
  • El diálogo inconcluso, Maurice Blanchot, Monte Avila Editores, Caracas, 1970, 664 pág. (Fotocopia)

Libros donados:

  • L’Idole et la distance, Jean-Luc Marion, Bernard Grasset, París, 1977, 334 pág. (Fotocopia) Donado por Norberto Ferreyra y Anabel Salafia.
  • Bombones envenenados y otros ensayos sobre imaginario, culura y psicoanálisis, Ediciones del Serbal, Barcelona, 2000, 176 pág. (Fotocopia) Donado por Norberto Ferreyra y Anabel Salafia.
  • Colección “Biblioteca fundamental de las ciencias de la psicología”, Paidos, Bs. As., 2015. Formaciones del inconsciente, C. Jung. Estádos de ánimo del psicoanálisis, J. Derrida. El miedo a la libertad, E. Fromm. La imagen inconsciente del cuerpo, F. Dolto. ¿Por qué el psicoanálisis? E. Roudinesco. Amor, culpa y reparación, M. Klein. Donados por Andrés Barbarosch.

 

 

Lecturas microscópicas

LUZ LEMOS LEYÓ: Invocaciones – Dionisos, Moisés, San Pablo y Freud, Allain Didier-Weill, Nueva Visión, Buenos Aires, 1999. 142 páginas.

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Invocar: (del latín invocar/e), demandar ayuda mediante una súplica vehemente.

El autor nos introduce con un título que no deja de abrirnos pregunta, vamos recorriendo una pluma que nos convoca al resurgimiento del deseo en su invocación. Luego de este recorrido, Didier Weill efectúa algunas consideraciones respecto de la música en cuanto a posibles abordajes terapéuticos en patologías más allá de la neurosis.

Buscando ahondar en su aporte conceptual respecto de la pulsión invocante, vamos a partir del desarrollo lacaniano cuando suma las pulsiones escópica e invocante a los objetos de la pulsión de Freud, nuestro autor retoma el desafío; distingue la Demanda de la pulsión invocante, destacando: “la invocación es un movimiento que sustrae al sujeto de esa dependencia

(Significante) en tanto no está en el presente, pero se sitúa en un futuro posible desde el que lo llama como pura posibilidad”; va a desplegar la pulsión invocante en un ritmo pulsional de cuatro tiempos.

Se nos presenta esta pregunta: Cuando el parlante está arrinconado ante la Demanda en su mandato sordo, allí el ritmo de la pulsión, bordea la dimensión de lo Real al modo de la tragedia? de ser así nos resulta pensable, (precisamente porque hay un agujero en la necesidad), que en sesión se transita un tempo, una escansión que también abre lugar a la posibilidad de palabra.

Nos resulta orientador para seguir el recorrido de Weill, pensarlo en consonancia a la formalización hegeliana, cuando define el Tiempo en un devenir, señalando un antes y un después, el tiempo en la conceptualización de Hegel implica el movimiento y el cambio. La lectura nos remite en cuanto a su estructura lógica al modo de las categorías hegelianas de Tiempo y Espacio, esta imbricación pulsional que realiza el autor, nos resulta cercana a las consideraciones del filósofo en relación al deseo por advenir como temporalidad en el espacio. Seguir leyendo «Lecturas microscópicas» →

Lecturas microscópicas

LILIA CRISTIANI LEYÓ: Preferiría no hacerlo. Bartleby el escribiente, de Herman Melville seguido de tres ensayos sobre Bartleby. Gilles Deleuze, Giorgio Agamben y José Luis Pardo. Pre-Textos, España, 2011. 196 páginas. Versión castellana de José Luis Pardo.

Preferiria no hacerlo

El relato de Melville tiene una breve presentación por el narrador, un abogado, que advierte al lector de las dificultades de la tarea emprendida al elegir relatar unos fragmentos de la vida de Bartleby, un escribiente al que contrata, y cuya biografía no puede hacerse porque no hay material ninguno para tal fin. Sólo señala un dato que es en realidad un rumor: Bartleby habría trabajado en una Oficina de Cartas Muertas en Washington, de donde fue despedido por un cambio en la administración. Eso es todo lo que se podrá saber de Bartleby.

El escribiente, un copista, pronto deja su función y enarbola una frase “preferiría no hacerlo”,-Iwouldprefernotto- a la cual se aferra con inusual tenacidad produciendo a su alrededor todo tipo de perplejidades y decisiones. Finalmente, la muerte como destino.

Acerca de la figura desdibujada de Bartleby y lo que Deleuze denomina su “fórmula” se desarrolla el trabajo de los autores.

Pardo se interesa en la función copista de Bartleby. Se trata de cargar con la letra, es decir, preservar la literalidad del texto al cual no se le puede adscribir ningún sentido. La palabra no dice nada, “conserva sus ventajas prácticas (la posibilidad de copias exactas) y sus desdichas teóricas (la letra muerta)”, es decir, sin asistencia de la voz interior que comprende e interpreta. Bartleby repite su fórmula como una copia: “preferiría no hacerlo”. La frase opera sobre el acto mismo de copiar, al que renuncia. Queda detenido en un presente perpetuo, sin historia y sin devenir. De Bartleby no puede decirse nada en tanto se define sólo en forma negativa, por lo que no prefiere, lo que declina. Tampoco dice qué es lo que no prefiere. Instala un campo de indiscernibilidad. Pardo se pregunta si es posible otorgar humanidad a aquel que sólo se puede contar por lo que no hace, por todo aquello que rechaza.

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