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Biblioteca Oscar Masotta

La biblioteca de la Escuela Freudiana de la Argentina

La biblioteca, nuestro lugar

Por Clelia Conde

La biblioteca es el ancla. Si algo está a la deriva de nuestro lugar o nuestro destino. La biblioteca se erige como ese faro intermitente que tanto nos dice de la luz del porvenir como del oscuro pasado. 

La biblioteca no es del orden de lo útil, lo útil es apenas una excusa. Lo que podemos obtener allí apenas le hace mella, no la justifica. La biblioteca es un ser en sí y para sí. Si falta un libro se inclina el otro suavemente para tapar esa vergüenza, el pudor de no poder estar todos en pié, como es tan necesario. Queda trastabillada, pesarosa, su lomo se curva buscando orden. Lo que falta, le falta, y con eso nos enseña. 

Maria Elena Walsh decía: no hay nada más humano que un diccionario. La biblioteca es nuestro diccionario, no está solo para consulta sino para su existencia, para la contemplación de lo que hemos sido antes de ser, para la visión de lo que seremos. Ya nadie existe en un tiempo en que grandes obras puedan ser leídas. No tenemos suficiente soledad, ni suficiente alegría. Pero nuestra alma sería más pobre y más mezquina si los libros no estuvieran allí, testimonio de un deseo que armó un presente. 

En nuestro tiempo, sin casa, nunca temí por la enseñanza, que oral, se abriría paso por el medio que fuera, pero temí por nuestros libros y su lugar. Porque los libros son el lugar de lo que a veces podemos llamar nuestro sin retroceder. ¿Qué más claro podemos decir de cómo Lacan al nombrar su nudo se toma del ejemplo del libro que falta ? Si un libro no está en su orden está infinitamente perdido aunque su lomo asome a ojos vistas.

La biblioteca es lo presente y lo perdido, lo sabido y lo insabido de nuestro encuentro en esta práctica. Cuando miramos la biblioteca sabemos que estamos en casa, aunque no hayamos ni rozado la enormidad de sus páginas. Nuestra riqueza es su trayecto, su recorrido. Del tiempo a nosotros, siempre abierta al porvenir.

¿Cuáles son las coordenadas de la escritura en psicoanálisis? La pregunta concierne a la transmisión del discurso.

Por Alicia Hartmann

Los que escribimos sobre psicoanálisis hemos generado nutridas lecturas, y una gran variedad de artículos que siguen distintas posiciones en relación con la obra de Jacques Lacan. Creemos que su enseñanza atenúa la complejización que produce la publicación de un caso o situación clínica. Lacan nos propone una lógica de la cura que revierte la lógica de una presentación, contribuye a desdibujar relatos y situaciones no necesarias para dar cuenta de la operación del analista.

Cuando escribimos sobre cómo se trabaja la transmisión de un caso, siempre bordeamos lo intransmisible de una experiencia. Esta es una de las tantas aristas desde donde el psicoanálisis mismo es una práctica de lo imposible. Esta frase “traigo un caso”: difícil referirse de otra forma a los movimientos de un análisis, que no son otra cosa que operaciones en el seno de una transferencia. Operaciones que ubican una posición del analizante con relación a la verdad, a la alienación -con relación a la cadena significante- y al saber en tanto son ejes; y cómo interviene el analista en relación al Otro y a la falta.

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¿Qué se lee en un análisis?

Por Marisa Plástina

«Lo único abundante en casa eran los libros: había libros de pared a pared, en el pasillo, en la cocina, en la entrada, en los alféizares de las ventanas, en todas partes. Miles de libros en cada rincón de la casa. Se tenía la sensación de que si las personas iban y venían, nacían y morían, los libros eran inmortales. Cuando era pequeño, quería crecer y ser libro. No escritor, sino libro: a las personas se las puede matar como a hormigas. Tampoco es difícil matar a los escritores. Pero un libro, aunque se lo elimine sistemáticamente, tiene la posibilidad de que un ejemplar se salve y siga viviendo eterna y silenciosamente en una estantería olvidada de cualquier biblioteca perdida de Reykjavik, Valladolid o Vancouver».
Una historia de amor y oscuridad. Amos Oz

Freud aconsejaba para la formación de analistas, además del análisis personal, la literatura.

Aconsejaba leer.

Siempre comentaba algún texto que le hubiese impresionado en sus desarrollos teóricos y la novela era un modo de relato del que disfrutaba.

Lacan, además de llevarnos por la lingüística, las matemáticas y la filosofía,  se interesaba por el modo de decir de los poetas.

Ambos coincidieron en seguir el camino de la lectura.

 ¿A dónde nos lleva leer, una novela, un cuento, un ensayo…? ¿Qué pasa cuando leemos? ¿Qué leemos en un análisis?

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TRANSFERENCIA y ACTO ANALÍTICO en el CASO del HOMBRE de los LOBOS

Por Maria Gabriela Correia

Sobre el análisis con Ruth Mack Brunswick (*)

“Para este paciente, el análisis era Freud… Puede verse que mi propio papel en el presente análisis casi no tuvo importancia: no fui más que una mediadora entre el paciente y Freud.”
Ruth Mack Brunswick

Son bien conocidos el sin número de interrogantes que el caso del joven ruso, Serguéi Pankejeff, ha suscitado en la comunidad psicoanalítica. Se trata de un caso paradigmático en varios aspectos verificable por el testimonio mismo del “enfermo” que da cuenta de los efectos que el psicoanálisis produce en un sujeto y de los pormenores de esa particular relación que estableció por ese entonces con Freud, que dejó una profunda marca en la vida de esta persona. El hecho de contar con sus memorias nos aporta información sobre las inquietudes de Sigmund Freud en ese entonces, y de la situación de la práctica del psicoanálisis en los albores del descubrimiento del inconsciente, así como también de los detalles de ese particular encuentro que culminó en lo que hoy conocemos como el célebre caso del Hombre de los Lobos.

Este joven, totalmente incapacitado y dependiente por completo de otras personas, así lo describe Freud, acude a la consulta tras algunas fallidas internaciones, diagnósticos erróneos y ya desahuciado; y pese a que su médico personal no lo recomienda, él insiste en continuar sus sesiones con Freud. A partir de ese momento, aunque con interrupciones, siempre buscó ayuda, sino con Freud, con algún otro psicoanalista.

Su primer análisis se desarrolla entre 1910 y 1914, y es publicado por Freud como “De la historia de una neurosis infantil”. Luego, en 1919 hasta 1920, durante unos meses vuelve a análisis, hasta que un tercer pedido no se hace esperar y en esa ocasión Freud le recomienda que visite a una de sus discípulas, Ruth Mack Brunswick.

Hay que destacar que en el año 1923 Freud había sido intervenido quirúrgicamente por su cáncer de mandíbula, y Serguei Pankejeff quien pasó a la fama como “el hombre de los lobos” quedó muy impresionado al ver el aspecto desmejorado que presentaba.

Al año 1924, corresponden los penosos episodios que el joven ruso vivencia con los odontólogos, al punto de hacerse extraer piezas sanas de su boca. ¡Curiosamente el odontólogo que hizo la primera extracción se apellidaba Dr. Wolf! {significa lobo en alemán}

Tras estos episodios comienza su preocupación por una verruga en la nariz. En ese año es notable la coincidencia temporal entre la llegada de su madre desde Rusia, el llamativo grano en su nariz, y las intervenciones quirúrgicas de Freud. La presencia de estas afecciones en el joven lo condujeron a volver a consultar, ésta vez a Ruth Mack Brunswick.

La entrada en análisis no se hace esperar y el primer sueño relatado es una versión modificada del famoso sueño de los lobos, pero esta vez, con una llamativa sustitución: los lobos blancos del primer sueño -relatado a Freud- esta vez fueron sustituidos por lobos grises, en clara referencia al perro de policía -de pelaje gris-que había visto en sus visitas a Freud, y según el joven, era semejante a un lobo domesticado.

Esto la autoriza a Ruth Mack Brunswick a decir que el tratamiento con ella consistió en gran medida a desasir esos “restos transferenciales” no resueltos de su análisis con Freud.

El genio de la analista, su golpe de gracia estaba próximo.

Mientras el paciente le “endulzaba la oreja” a su actual analista, hablándole de los beneficios de este análisis en detrimento del análisis con Freud, se negaba a hablar de quien se había convertido en la causa del daño en su nariz: el profesor X, un dermatólogo recomendado por el mismísimo Freud. Brunswick es alertada por el propio paciente que este profesor era el sustituto de Freud y allí decide su golpe de gracia. Consistió en “minar la idea” que tenía el joven de creerse el “hijo favorito” de Freud, eso produjo una serie de sueños que indicaron la efectividad de lo que bien puede ser considerado como acto analítico:

En plena sesión, decide comunicarle acerca de la muerte del profesor X. Al recibir la noticia el joven inmediatamente salta del diván exclamando “ya no podré matarlo nunca más.” Mientras el profesor X era considerado por el joven ruso culpable de su daño en la nariz, Freud era culpado seriamente por la pérdida de su fortuna, al tiempo que el “enfermo” sostenía la idea megalómana de ser su “hijo predilecto”.

Allí Ruth dice, clavarle el aguijón tras comentarle que le sorprendía el hecho de no verlo en las reuniones que Freud organizaba en su casa. Así se instalará esta “segunda transferencia», que según ella se había convertido en un verdadero “estado de sitio”.

El odio hacia X, tenía su punto de partida en Freud, y Ruth lo invita a librar esa batalla, a conducirlo a ese atravesamiento.

En esto reside su éxito terapéutico y un “avance” en la cura, que bordea el objeto persecutorio en cuestión. La mirada de los lobos, él mismo siendo ese objeto en su fantasma, y un recuerdo acuciante que lo persigue: los brillantes ojos de los lobos le recuerdan al paciente que, en un tiempo cercano a ese sueño, no podía soportar que se lo mirara fijamente. Cuando eso le sucedía no podía parar de gritar: “¿Por qué me mira de ese modo?”

El contenido persecutorio del sueño evidencia en su significación central la vía de sustituciones constituidas, sustituye al padre por el lobo, y también introduce en esa línea a los odontólogos, los dermatólogos, Freud, y el profesor X. El carácterpersecutorio de ese objeto mirada en ese sueño se aproxima más a una pesadilla. Una serie de sueños acontecen emergiendo las huellas de ese primer sueño.

En la cura, se desembrollan esos “restos transferenciales”, vestigios del análisis con Freud, hasta clarificar el sueño de los lobos, donde las imágenes aterradoras se convierten en un “hermosos abrazo”, y lo aterrador y ominoso se ha convertido en hermoso y tranquilizador: el nudo se re-anuda.

(*) Suplemento a la “Historia de una neurosis infantil” de Freud {1928} Ruth Mack Brusnswick

¿La Biblioteca nos habla?

Por Mirian Dios

Si partimos de la pregunta: ¿cuál fue primera, la biblioteca o la Escuela?  y sin la intención de construir un origen podemos suponer que en la biblioteca en la que se reunían Oscar Masotta, Norberto Ferreyra, Anabel Salafia y otros, se hicieron los trazos hace 51 años, del Acto que fundó la Escuela Freudiana de la Argentina, la que nos legaron y a la que pertenecemos.

Hacer Escuela, hacer biblioteca, como dice la canción “pasan los años, pasan los veranos, pasan los inviernos, pasan los autores…” pero queda la biblioteca. 

Como escribe Jorge Luis Borges, “La biblioteca perdurará: iluminada, solitaria, infinita, perfectamente inmóvil, armada de volúmenes preciosos, inútil, incorruptible, secreta[1].

En nuestra biblioteca, cada libro “nos habla” en estrecha ligazón con la práctica del psicoanálisis. Se trata de ese resto activo[2] que causa la lectura y hace de este lugar un “laberinto de letras”[3] donde la búsqueda nos permite conjugar verbos como buscar, mirar, leer, indagar, navegar… apostando al encuentro que con buena fortuna ocurrirá, de algo especifico, así como descubrir lo desconocido.

Hundirnos en el papel con su tinta y trazo conduce a un universo que parece tornarse infinito e imposible, y a la vez constituye ese dejarse llevar por el placer de la lectura. 

Morada que invita a sumergirnos en la lectura de los fundadores del psicoanálisis como con los autores de nuestra escuela, contando con lo que es posible ocurra. Hay un resto entre las hojas que abrirá una carretera al deseo de cada cual. 

Freud nos advierte que no toda la pulsión puede ser agotada, pero que una parte mínima podrá ser ligada al arte de la Ciencia. Más allá de la pretensión freudiana de hacer del psicoanálisis una ciencia, lo cierto es que se trata de un discurso y una práctica que en la que es indispensable que el analista sea al menos dos: el que dirige una cura y de aquel que transmite los efectos de la misma[4].  

Y en este sentido cómo nos plantea Lacan en Alocución sobre la enseñanza[5] podemos aventurar una pregunta: ¿en cada libro de esta biblioteca la escritura del autor habrá sido como analizante?

Obras que surgen de un enigma sobre el que se teje una trama, tejido sobre un agujero, que permite el surgimiento de otra cosa, algo nuevo, algo que se intenta cercar en palabras. Se trata de un saber hacer, un decir a través de la escritura que como tesoro del Otro se encuentra en la biblioteca. 

La certidumbre de que todo está escrito nos anula o nos afantasma[6], es por eso que la biblioteca de la Escuela Freudiana de la Argentina, como toda biblioteca, nunca estará completa, siempre algo hará falta.  


[1] Borges, Jorge Luis. Ficciones. La biblioteca de Babel. Alianza Editorial.  

[2] Ferreyra, Norberto. Lo orgánico y el discurso. Editorial Fundación Ross. Año 2009.

[3]Borges, Jorge Luis. Ficciones.  La biblioteca de Babel. Alianza Editorial.

[4]Borges, Jorge Luis. Ficciones. La biblioteca de Babel. Alianza Editorial. Lacan, Jacques.  Seminario R.S.I.  Clase 1. Año 1975-1975. Inédito.

[5] Lacan, Jacques. Alocución sobre la enseñanza. Escritos 1. Siglo XXI, Edic. Año 1988.

[6] Borges, Jorge Luis. Ficciones.  La biblioteca de Babel. Alianza Editorial.

Personas en la sala, de Norah Lange. Una mirada, otra…

Por Graciela Zagarese

Voy a acercarme en esta oportunidad a la obra de una escritora de los años 20, Norah Lange.

Novelista y poetisa argentina. Nace en Buenos Aires el 23 de octubre de 1905. y fallece el 5 de agosto de 1972.

Jorge Luis Borges, su primer maestro en la expresión poética la inicia en los movimientos de la vanguardia. Se casa en 1943 con el escritor Oliverio Girondo.

Publicó libros de poesía y varias novelas: Los días y las noches, El rumbo de la rosa, Voz y vida, Cuadernos de infancia, Personas en la sala, entre otras.

En esta oportunidad voy a tomar una de ellas, Personas en la sala, escrita en 1950.

Esta novela se despliega en los bordes entre lo onírico, lo imaginario, lo real.

En su argumento simple, austero, en el que parecería que nada sustancial ocurre, se esconden múltiples niveles de significación.

Una mujer joven, la narradora, mira a través de una ventana lo que va aconteciendo en la sala de una casa de la calle Juramento, la casa de enfrente.

“Cuando los demás rememoraban una fecha destinada a perdurar, algún episodio sin interés, el júbilo aquietado de cuánto aconteció en ella …, para mí en cambio aquella casa sólo constituyó el sitio más cómodo y propicio para vigilar la otra”.

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La función de la Biblioteca en la Escuela

Por Ana Lanfranconi

1

En las primeras páginas de La clase de griego, bella novela de Han Kang, asistimos a una narración poética acerca del modo en que la protagonista, siendo una niña de tres años, aprendió a leer. El texto destaca su asombro ante la misteriosa asociación entre imagen, sonido y cuerpo. Cautivada por el encanto de las vocales y las consonantes, pero especialmente por “la maravillosa promesa de los sobrecogedores sonidos asociados a esas letras”, la niña avanzaba emocionada con sus descubrimientos de la lengua coreana. Le gustaba que, para pronunciar la palabra bosque, su preferida, había que “entrecerrar los labios y dejar pasar el aire lentamente y cómo al final había que sellar los labios para que la palabra se completase en el silencio”.

Cuando salía de la escuela primaria iba a una biblioteca pública, y por las noches se quedaba dormida leyendo los libros que había sacado prestados. Sin embargo, en algún momento el lenguaje empezó a adquirir vida propia, y se le tornó ajeno. Se convirtió en una especie de punzón que por la noche la despertaba sobresaltada. Cualquier frase que ella dijera “dejaba traslucir, con la fría claridad de un trozo de hielo, la perfección y la imperfección, la verdad y la mentira, la belleza y la fealdad.” Sentía vergüenza de las oraciones que se desprendían de su lengua y de sus dedos. Quería vomitar, y gritar. El lenguaje que la había emocionado y fascinado se había transformado en algo hiriente. Había revelado un doblez, un peligro que claramente la concernía.  

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Discursividad

Por Alicia Hartmann

La muy mencionada conferencia de Michel Foucault ¿Qué es un autor? dictada por el filósofo francés el 22 de febrero de 1969 en la Societé Française de Philosophie está precedida por el trabajo de Roland Barthes La muerte del autor, donde el entonces colega de Foucault postula que todo texto escrito, una vez realizado, no pertenece al autor, sino que es patrimonio dela cultura universal, y sobre todo del lector. En este ensayo de 1967 Barthes pretende poner en duda la autoridad, la autoría que se le adjudica al autor y el significado único y último de un texto.

Más allá del preciso desarrollo de Barthes, que ha sido considerado “un gran pedagogo en el arte de escribir”, muchos son los pequeños textos reunidos en Variaciones sobre la Literatura, Variaciones sobre la Escritura, Ensayos literarios y otros. La referencia a Mallarmé se hace necesaria porque es quien descubre que es el lenguaje quien habla, y no el autor. Toda su poética suprime al autor en beneficio de la escritura.

Resumimos con una cita “un texto está formado por escrituras múltiples procedentes de varias culturas y que, unas con otras, establecen un diálogo, una parodia, una contestación, pero existe un lugar donde se recoge esa multiplicidad y ese lugar no es el autor, como se ha dicho hasta ahora, sino el lector. La unidad del texto no está un su origen sino en su destino.

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La religión capitalista: una lectura de «La ética protestante y el espíritu del capitalismo»

Por Pablo Di Giovanni

“Es poco dudoso que las generaciones del siglo XXII y las previas, esperémoslo, no sientan la misma turbación ante la inflación de la burbuja financiera, que enriquece al dinero y empobrece a los hombres, que nosotros ante los sacrificios humanos de las religiones andinas.”
Pierre Bruno, “Lacan pasador de Marx”

“Hay una cuestión con la deuda y una administración teológica de las cuestiones del mundo completamente vigente, y es groseramente evidente que la economía depende de una teología.”
Anabel Salafia, “El fracaso de la negación”

¿En qué nos concierne todavía hoy, a 120 años de su primera aparición en forma de ensayos, La ética protestante y el espíritu del capitalismo?

En principio, su lectura se enmarca en el diálogo abierto acerca de la ética en el Curso de Verano 2025 de la Escuela Freudiana de la Argentina “Discurso del psicoanálisis: ¿una ética para nuestro tiempo?”.

En segundo término, la idea de que una transformación en el plano de la teología, de la concepción de la relación del hombre con Dios, de la concepción de lo que Dios espera del hombre, puede tener efectos sobre las conductas y contribuir a una transformación de la realidad interesa en el punto en que puede ser leída en términos de la relación entre el discurso y el lazo social.

Una última cuestión, en sintonía con las dos citas que abren este texto, es que la lectura de La ética protestante contribuye a situar uno de los puntos, a mi juicio, centrales de la subjetividad de nuestra época que no puede ser dilucidado sin el psicoanálisis: el capitalismo que se presenta como sin salida, sin alternativa (1), no deja de traficar en su necesariedad un deber moral respecto de un Otro que exige una acumulación sin límites.       

Weber escribe este conjunto de ensayos en un momento en el que el capitalismo ya se impuso como modo de producción y transformó al mundo. Debe, entonces, hacer un esfuerzo para demostrar lo que ya en 1904 no es de ningún modo evidente: que el espíritu capitalista, que define en oposición a un espíritu tradicional, no es producto de un proceso de laicización, de un volcarse al mundo, como podría suponerse desde el sentido común, sino que es catalizado por modificaciones que se dan en el plano de la teología en el marco de la reforma protestante, y tiene en su origen una relación ascética, casi monacal (2), respecto al trabajo.

“… El summum bonnum de esta ‘ética’ (que es la adquisición de dinero y de cada vez más dinero evitando todo disfrute ingenuo), es pensado tan por completo desprovisto de punto de vista eudemonista o incluso hedonista, tan puramente como fin en sí mismo, que aparece como algo completamente trascendente e irracional frente a la ‘felicidad’ o al ‘provecho’ del individuo. El ser humano queda referido al lucro en tanto que objetivo de su vida; el lucro ya no está referido al ser humano en tanto que medio para el objetivo de satisfacer sus necesidades materiales de vida. Esta inversión del estado de cosas ‘natural’ (si es que se puede hablar así) que es completamente absurda para el pensamiento ingenuo, es un motivo conductor del capitalismo con la misma fuerza con la que es ajena al ser humano no tocado por el hálito capitalista” (3).

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