Por Marisa Rosso, Corresponsable

“Cada libro, cada tomo que ves, tiene alma. El alma de quien lo escribió, y el alma de quienes lo leyeron y vivieron y soñaron con él”. Carlos Ruiz Zafón. La Sombra del Viento

El psicoanálisis está en cruce con el arte y  particularmente con la literatura desde sus inicios. Si bien el psicoanálisis no surge de la literatura, ya que surge de la ciencia moderna, la literatura está presente en Freud mucho antes del nacimiento del psicoanálisis. Dice Freud en su presentación autobiográfica de 1925: “la doctrina de Darwin, reciente en aquel tiempo, me atrajo poderosamente porque prometía un extraordinario avance en la comprensión del universo, y sé que la lectura en una conferencia popular del hermoso ensayo de Goethe «Die Natur», que escuché poco antes de mi examen final de Bachillerato, me decidió a inscribirme en medicina”  Si bien el ensayo que cita en esta Presentación autobiográfica no pertenecía a Goethe, sino que se trata de un extenso poema en prosa de Georg Cristoph Tobler, un escritor suizo cercano a Goethe, es un ensayo literario lo que motiva a Freud a iniciarse en la medicina.  No obstante en este texto también da cuenta de que su interés no estaba puesto en ese momento, ni tampoco más tarde, en la medicina: “En aquellos años no había sentido una particular preferencia por la posición y la actividad del médico; por lo demás, tampoco la sentí más tarde”; ni en su objeto de estudio: “Más bien me movía una suerte de apetito de saber, pero dirigido más a la condición humana que a los objetos naturales”; ni en la posición de observador: “ tampoco había discernido el valor de la observación como medio principal para satisfacer ese apetito” sino más bien enfatiza su interés por la lectura: “Mi temprano ahondamiento en la historia bíblica apenas hube aprendido el arte de leer tuvo, como lo advertí mucho después, un efecto duradero sobre la orientación de mi interés”.

Los libros fueron entonces para Freud desde muy temprano objetos de su apetito de saber.  Cuando desarrollaba su interpretación sobre el sueño de la monografía botánica, luego de varias asociaciones que le van aclarando su significado acude a él un recuerdo de su infancia en el que el padre les dio a él (de 5 años) y a su hermana (de 3) un libro con láminas de colores para que lo deshojen. Freud dice que ese recuerdo “deshojando dichoso el libro” es la única imagen que le quedó como recuerdo plástico de su infancia. Después, siendo estudiante, se desarrolló en él “una predilección franca por coleccionar y poseer libros”, lo que le genera una deuda con el librero que no sabe por qué ni dónde pagar, “Me convertí en un gusano de biblioteca [Bücherwurm]”.  Podríamos decir que fiel a su interés por  saber por dónde va la realización de un deseo Freud va deshojando su sueño como si fuera “ese” libro para poder saber de qué está hecho.

Oscar Masotta en la conferencia “Freud y la estética” dictada en Barcelona en el ‘76 va a decir que un sueño y una novela tienen algo en común que es el deseo que se articula en capítulos donde se cuentan experiencias del pasado que se elabora, en la obra literaria el deseo se da tiempo, quiere sus objetos por mediaciones y mediante procuraciones, nunca directamente. Lo común entre ambos entonces es el deseo y el sueño como obra de arte, como la inscripción articulada de una letra, la marca siempre articulada del significante.

Tanto Masotta en este texto como también Lacan en la Conferencia de Yale  van a decir que Freud no aplica el psicoanálisis a la obra de arte sino que trata de encontrar el inconsciente ahí, para entender su lógica, para poder sortear los impasses de la construcción de la teoría, para poder responder a los puntos que constituyen enigma, es decir, preguntas sobre el deseo. Como ya sabemos, cuando se refiere a Marguerite Duras, Lacan reconoce en el arte y en el artista una antecedencia en el descubrimiento de un saber no sabido, una enseñanza y una transmisión,  pero se diferencia de Freud en que si bien él,  como  dice en la Conferencia, en su práctica sólo en un número limitado de puntos específicos toca el dominio del arte, Freud en cambio, trata de comprometerse en otra cosa y  ver en el arte una suerte de testimonio del inconsciente.

En el “Moisés de Miguel Ángel”  Freud va a reconocer el poderoso influjo que las obras de arte ejercen sobre él, fundamentalmente la poesía y la escultura, un poco menos la pintura, de las cuales siempre quiso aprehender a su manera, tratando de reducir a conceptos el efecto que causaban en él,  por eso se confiesa casi incapaz de obtener goce alguno de la música porque no puede hacer lo mismo con ella, dice: “Una disposición racionalista o quizás analítica se resuelve en mí para no dejarme conmover sin saber por qué lo estoy, y qué me conmueve.” En su libro «My Uncle Sigmund» (1956) su sobrino Harry Freud dice que despreciaba la música y la consideraba una mera intrusión, intrusión del afecto que produce la musica que parecía inquietar a Freud ante la imposibilidad de traducción de ciertas emociones en palabras que la música parece transmitir. Fito Páez lo dice muy bien en la Bios de Spinetta de reciente difusión: “Por suerte el lenguaje no te hace explicar lo que te hace sentir la música en algunos momentos”. Freud sí  conocía y apreciaba algunas de las óperas más famosas de la época (especialmente el Don Giovanni de Mozart), porque en ellas la  música está al servicio del drama teatral. Lacan en el Seminario “Aún” va decir: “Alguna vez -no sé si tendré tiempo algún día- habría que hablar de la música, al margen“. La música no está sometida al equívoco del lenguaje y por eso evoca un más allá que ex-siste al sentido. La música resuena en los agujeros del cuerpo y evoca el objeto voz que se separa de las palabras y abre a la hiancia que no se puede cubrir, imponiendo un límite al desciframiento significante.

Luis Alberto Spinetta  poeta, músico, cantautor, lector, da cuenta en su obra de la lectura de varios poetas y de su influencia. Así edita “Pescado rabioso”  muy influenciado por su lectura de Rimbaud y  “Artaud” disco del que el propio Spinetta dice que fue una respuesta al sufrimiento que le acarreó leer sus obras. En “Barro tal vez”  pareciera saber que hay que sacar del cuerpo lo que se siente para no enfermar o  para no morir por dentro:  “si no canto lo que siento, me voy a morir por dentro,  he de gritarle a los vientos hasta reventar aunque solo quede tiempo en mi lugar”.

Felisberto Hernández en “Nadie encendía las lámparas” dice bellamente de la dificultad de sacar las palabras del cuerpo porque siempre es un enfrentarse con la angustia “A mí me costaba sacar las palabras del cuerpo como de un instrumento de fuelles rotos…” Sin embargo, cuando se logra sacar del cuerpo aquello que se siente o hace sufrir y  se dice en un análisis, el saber que se escucha y se construye, es un saber hablado, que depende de la voz, que va a marcar el tiempo de un modo distinto que en la literatura, en la cual las modalidades pulsionales están señaladas, pero al mismo tiempo sustraídas por el trabajo que hace el escritor con la letra.  No ocurre lo mismo con las obras de teatro o la música por ejemplo, donde la voz está presente, al igual que en la música como lo que va más allá de la palabra y toca el cuerpo también. Ahora, para que ese saber se construya se necesita de esa relación a otro, otro en posición asimétrica,  de escucha,  que, como dice Norberto Ferreyra, va a determinar al que habla. Leer al escuchar en lo que se dice, a la letra, quiere decir: leer en relación a la función de la letra como significante localizado, a la vez que localizar el real que lo causa y que se presenta bajo la modalidad de los objetos pulsionales que a un tiempo detienen la articulación significante. Para que ese decir resuene, por lo dicho, como eco en el cuerpo y así, gracias a la existencia de la tercera dimensión, dar lugar a la sensibilidad o la sensación. 

Abelardo Castillo en un texto publicado con el nombre de “Freud y la literatura” va a dar cuenta de esta implicación mutua entre el psicoanálisis y el arte.  Señala a su entender,  “la incapacidad esencial del psicoanálisis para llegar al centro del hecho poético”, en eso podemos acordar, ya que el poeta, en su ”saber hacer” creador de un nuevo sentido,  tiene algo que enseñar al analista, Freud decía de los poetas que “suelen saber de una multitud de cosas entre cielo y tierra” saber hacer que no es analizable por otra parte. Reconoce que después de Freud la literatura no se lee igual. Va a afirmar que sin necesidad de ir a sus textos fundamentales, se puede tener una idea aproximada del tamaño literario de “este escritor y curador de almas”. Sin la palabra de Sigmund Freud sería casi inimaginable nuestro mundo espiritual.  “A partir de él, ya no hay poesía impune. Freud ha modificado el presente y el pasado del arte”. Sigue Castillo y lo cita a Cortázar respecto de la verdad “decía que una verdad mal dicha da la impresión de que no debió haber sido una verdad, de que no debió ser dicha”, se apoya en ese decir de Cortázar para afirmar su creencia en la literatura como testimonio pero también como arte, como hecho estético. “Se lo proponga o no esa literatura va a ser testimonial. A veces un escritor no sabe exactamente lo que está diciendo con su obra”.

Hay un bien decir en Cortázar y una vez más da la impresión de que el artista nos lleva la delantera. Un bien decir tanto desde el punto de vista de la estética, de que se ajuste a las reglas de belleza “sobornar a los demás con sus incentivos de placer” como dice Freud acorde a la obra de arte, como también quiere decir que la verdad no sólo no puede buscarse en otro lado que no sea en el lenguaje,  sino que cuando alguien  articula algo que dice, lo hace con su lalangue como sostén y eso hace a su singularidad.

Acuerdo con Agamben en que “el testimonio es siempre un acto de autor, implica siempre una dualidad esencial”. Freud ve en el arte una suerte de testimonio, de testimonio del inconsciente, inconsciente que a esta altura podemos definir con Lacan en el ´75 como “una muy especializada suerte de saber, íntimamente anudada con el material del lenguaje, que se pega a la piel de cada uno” .

Retomando entonces el espíritu del epígrafe y para concluir: cada libro, canción, obra, tiene alma.  El alma de quien lo escribió, lo compuso, lo creó  y el alma de quienes lo leyeron, lo escucharon, lo vieron y lo crearon.  Podemos encontrar el espíritu de lo que dice el escritor Carlos Ruiz Zafón en lo que leo en el decir de Freud al comienzo de este texto, cuando refiere al deseo infantil que está en su “saber hacer” con el “arte de leer” la historia bíblica. Daría cuenta de esa posibilidad de hacer de la lectura de una historia, un testimonio, es decir un acto de autor,  un arte que no va sin la escritura de aquel al que se lee y así mismo, el escritor no es tal,  sin la lectura de quienes, a su vez,  lo leen y hacen de su escritura una lectura y una “escritura”. Lo mismo con las canciones y con otras manifestaciones del arte. Es “lo artesano” que podemos ubicar, también, en el análisis cada vez.


Bibliografía
– Carlos R. Zafón. “La sombra del viento” Editorial Planeta.
–  Sigmund Freud “Presentación autobiográfica” )1925) Tomo XX Amorrortu Editores.
–  Peter Gay “Freud: una vida de nuestro tiempo”. Ed. Paidos.
–  Sigmund Freud “El trabajo del sueño” en “La interpretación de los sueños”. Tomo IV. Amorrortu Editores.
–  Oscar Masotta” Freud Y La Estética”. En: Papeles Del Psicólogo (Vol. 1 Agosto), 1980.
–  Jacques Lacan “Conferencia en la Universidad de Yale”. (EE.UU, 24/11/75)
–  Jacques Lacan “Homenaje a Marguerite Duras, por el arrobamiento de Lol V. Stein”. Otros escritos. Editorial Paidos.
–  Sigmund Freud “Moisés de Miguel Angel”. En Tótem y Tabú”. Tomo XIII. Amorrortu Editores.
–  Harry Freud, “My Uncle Sigmund”, 1956, en “Freud as We Knew Him”, edición e introducción a cargo de Hendrik M. Ruitenbeek. (Detroit, Wayne State University Press, 1973.).
–  Detrás de Bios “Spinetta”. Documental de National Geographic. 2019.
–  Jacques Lacan Seminario “Aun” Tomo XX. Editorial Paidos.
–  Sergio Marchi “Spinetta ruido de magia”. Editorial Planeta.
–  Felisberto Hernández “Nadie encendía las lámparas” en Cuentos reunidos. Ed. Eterna Cadencia.
– Norberto Ferreyra “La lengua: ¿cómo nos hace?” en Biblioteca Oscar Masotta. Escuela Freudiana de la Argentina.
–  Anabel Salafia “El malentendido y el equívoco. Síntoma y malestar en la cultura”. Clase del 21/11/2014 en el “Curso para entrar al Psicoanálisis: El sinthoma analítico” en la Escuela Freudiana de la Argentina.
– Norberto Ferreyra “La dimensión clínica del análisis”. Ediciones Kliné.
– Abelardo Castillo “Freud y la literatura” en el suplemento “Cultura” de APU,  07/05/2017.
–  Giorgio Agamben, “Lo que queda de Auschwitz: el archivo y el testigo”. Editorial Pre-Textos, Valencia, 2009.
–  Sigmund Freud “El interés para la ciencia y el arte” en “El interés por el psicoanálisis” (1913). Tomo XIII,  Amorrortu Editores. 
–   Sigmund Freud “El delirio y los sueños en la Gradiva de W. Jensen” (1906). Tomo IX, Amorrortu Editores.
–  Jacques Lacan Seminario 23 “El sinthoma”. Versión crítica. Ricardo Rodríguez Ponte. 1975/76. 
Ilustración: Pintura “Montmartre: Argentina” Pérez Celis (1939-2008).
https://lujanfraixpinturas.blogspot.com/2017/10/argentina-perez-celis-1939-2008.html