Transcripción completa del Panel organizado por la Secretaría de Biblioteca, realizado el 11 de noviembre de 2016 en el que luego de la proyección del film “De una lengua a otra” de Nurith Aviv, expusieron: Pablo Amster, Ursula Kirsch, Anabel Salafia y Noemí Sirota.

Ver panel “La migración de la lengua”

Liliana Ganimí: Buenas tardes. Les doy la bienvenida, vamos a dar comienzo a una actividad muy especial.

Esta Escuela tiene 42 años desde su Fundación, con nosotros están dos de sus fundadores Anaber Salafia y Norberto Ferreyra, que junto a Oscar Masotta y otros, fundaron esta Escuela.

Esta es una actividad como les dije muy especial. Estuvimos trabajando un año y medio o dos en este documental, desde ubicarlo hasta hoy que lo vamos a exponer. El film lo cedió una de las Colaboradoras de la Secretaría Noemí Sirota. Este mismo eje, con otra de las Colaboradas, Helga Fernández trabajamos el material con el que estamos preparando la Revista de la Biblioteca Oscar Masotta: LA MOSCA. Con ellas y las integrantes de la Secretaría: Mónica Millone, Marta Rodríguez y Claudia Valenti construimos estas instancias y los espacios que titulamos “La migración de la lengua”.  Son términos vigentes en este momento,  adquirieron una relevancia particular en la actualidad marcando otros contextos, diferente al que tomamos en este proyecto.

Esta actividad está desdoblada en dos líneas de trabajo, una es la presentación de hoy de la película ‘De una lengua a la otra’ y el Panel a continuación; y la otra se dará a conocer a mediados de diciembre, se publicará en la Revista de la Biblioteca  una serie de artículos de otros autores que seguirán tratando este mismo tema “La migración de la lengua”.

Entonces, para decirles algo mínimo. No quiero ocupar mucho tiempo de introducción para que puedan tener disposición directa a la sensibilidad que despierta esta película por el desarrollo que tiene su trama. Su Directora es Nurith Aviv en este momento tiene 71 años, nació en Tel Aviv, más adelante viaja a estudiar cine y se hace ciudadana francesa. Primero fue una importante fotógrafa en su país de origen, después de trasladarse a Francia se forma como cineasta, llega a Directora de la Escuela Superior de Cine e Imagen, es una institución estatal. Hace más de cien películas y series de televisión con información y datos como  investigadora, una profunda indagadora respecto a la lengua. Hoy vamos a ver una producción que hizo en el 2004. Fundamentalmente este caso es una investigación importante hecha sobre el paso de una lengua a otra –casi coincide con el nombre del film– su estado de preocupación es por los efectos que ha tenido la migración, ese cambio de lugar que hizo efecto sobre la dificultad de apropiarse de una lengua, a consecuencia de lo ocurrido alrededor de los años 40 y 50 (nazismo, segunda guerra mundial, comunismo). Es una persona formada en  relación a la palabra y las letras, una cineasta que ha pensado, ha estudiado y ha llevado con sus interrogantes a construir un estado de trabajo que lo transmite haciendo una lectura propia dicha a través de un film. Nosotros accederemos a ver esa investigación. Son testimonios de diez personas, cada uno tiene una duración de ocho a diez minutos, el primero es el de ella misma que abre el documental. Vamos a verlo y luego de un intervalo abriremos la segunda parte del encuentro, comenzaremos el Panel donde vamos a escuchar a Anabel Salafia, RFT de la Escuela; Pablo Amster, matemático, una persona cercana al trabajo de la Escuela, conocedor de la lengua hebrea conceptualmente lógica, nos aportará elementos para pensar las presentaciones testimoniales; y también estarán Noemí Sirota y Ursula Kirsch que son AME de la Escuela.

Acá dice una colega, como en el cine y el teatro, por favor apaguen los celulares.

Se proyecta la película “De una lengua a la otra” de Nurith Aviv.

Pablo Amster: Muchas gracias, buenas noches… Shabat shalom, ya que estamos. Es un gusto para mí estar acá, quiero realmente agradecer a Liliana por todo el esfuerzo y por la invitación. Realmente, cuando me habló de este proyecto hace ya unos cuantos meses y me dio la película para que la viera, me conmovió tanto que se me hizo difícil poder hablar sobre el tema. Y, de hecho, en alguna medida no voy a hablar sobre la película. A decir verdad, cuando terminé de ver la película, más allá de muchísimas cosas que se me fueron ocurriendo –porque uno la ve ya pensando que va a tener que decir algo– finalmente me quedé, como para orientar, con una sola idea. Es algo que se repite mucho, cualquiera que haya en algún momento tenido la intención de aprender, de estudiar hebreo, a todos le han dicho alguna vez ivrit safá cashá, que quiere decir que el hebreo es una lengua difícil, una lengua dura. Y justamente eso fue lo que quise tomar como punto de partida, porque yo me dedico a una ciencia dura. Entonces me dije: ¿qué puedo decir al respecto?

¿Por qué el hebreo es una lengua difícil? Todos estamos de alguna manera atravesados por el hebreo, eso dijo Borges, y de alguna forma el hebreo participa de una raíz muy profunda no solo de nuestro lenguaje sino de nuestra manera de pensar. De hecho, justamente, es a partir de esa lengua surgida de lo que hoy es la tierra de Israel que se produjo el alfabeto, ese gran, notable invento. Un modo de escribir cambia la visión del mundo y eso ocurre a partir del alfabeto. La palabra alfabeto viene de alfa, beta, etc, que es griego pero en realidad es del hebreo: alef, bet, etc. Las letras hebreas se fueron convirtiendo; los griegos las tomaron y las convirtieron en alfa, beta, gama…

El hebreo es una lengua dura, difícil porque, para alguien que proviene del español, no tiene nada que ver con nada que sea conocido, las palabras son realmente muy distintas y uno siente que está perdido, que no tiene un asidero. Y sin embargo, justamente cuando uno estudia un poco más ve que hay un asidero muy firme que lo transforma en una lengua que, por el contrario, es una lengua muy simple, pues tiene una estructura lógica muy fuerte. Es lo que uno como matemático siempre dice, que la matemática debería ser no una lengua dura sino que es el lenguaje en su forma pura. De hecho, la matemática no es otra cosa que lenguaje.

Un poco para dar una idea de por qué hay una estructura lógica en el hebreo, alguien que hable de verdad hebreo -no como yo, que apenas sé unas cositas- les podrá explicar que las familias de palabras tienen una lógica. Si uno conoce las tres letras que forman una palabra puede armar toda la familia y puede deducir lo que significa una palabra viendo cuál es la raíz. Hay una estructura lógica muy fuerte y, de hecho, es una lengua que se aprende muy rápido. Dejando de lado que en principio las palabras son completamente diferentes, la estructura lógica es tan fuerte que en realidad se aprende rápido. Después hay otras cuestiones que en la película aparecen: cómo se pronuncian las cosas y cómo suenan, pero ese es otro aspecto.

Me interesa la estructura lógica, porque también está ese invento que es el alfabeto. Ese invento que es el alfabeto, en realidad fue transmitido no solo como tal a la cultura griega sino que el misticismo griego surge también de esa idea y de la idea, fundamental luego para los cabalistas, de que las letras también son números; entonces el texto cobra otro sentido y se lee de otra manera. Liliana me pidió un artículo y ahí explico algunas de estas cuestiones, por ejemplo que el texto bíblico ha sido estudiado de muchas maneras, hay muchas formas de lectura. Pongo un ejemplo de la lectura del texto bíblico: hay algo que es muy conocido, todo aquel que lee por primera vez el texto bíblico, el Bereshit (Génesis), empieza por la letra “B”. Eso fue discutido por siglos y hay muchas explicaciones de por qué empieza con “Beit”, que en hebreo es “casa”. Por supuesto, un significado fundamental –se habló de eso en la película también–: el texto, para el pueblo judío, es su casa, es la famosa patria portátil, ese otro gran invento. Bueno, ¿y por qué empieza con “Beit” y no con “Alef”? Hay una explicación que es puramente matemática: en realidad las letras hebreas son 22 y la creación tuvo lugar –si bien hay un acto único de creación, lo demás es florecimiento, como decía Maimónides– a lo largo de 7 días, los 6 días de creación propiamente dicha y el séptimo, el shabat. ¿Y por qué entonces empieza con “Beit”? Porque si uno va contando las letras, claro, no entra la cantidad exacta: cada día, Dios descubre tres letras; al ser 22, le sobra una letra.  Si fuera de adelante para atrás, el primer día descubre alef, beit, guimel, las tres primeras, el segundo día las que siguen, etc. Si uno suma los valores numéricos, las primeras letras, 1+2+3 da 6; si uno suma las tres siguientes, el segundo día, quedaría 4+5+6, eso da 15 y 1+5 vuelve a dar 6. Si uno repite la cuenta cada uno de los días siempre el resultado es 6. En cambio, si uno deja de lado esa primera letra –que, por supuesto, para Lacan es muy importante y lo van a ver en muchísimos otros lugares, es la misma Alef tachada en la frente del Golem, que transforma la palabra “emet”, que quiere decir verdad, en la palabra met, “muerte”– si uno deja de lado esa primera letra y empieza a contar 2, 3, 4, 2+3+4 es 9; después 5, 6, 7, 5+6+7 es 18, 1+8 es 9, el resultado siempre es 9. Y resulta que 6 es el valor numérico de la palabra “sheker” que quiere decir mentira, mientras que 9 es el valor numérico de la palabra “emet” que quiere decir verdad. Esto da una explicación de por qué el texto bíblico comienza con beit, pues se prefiere un texto que diga verdades y no mentiras –después, si se trata de una verdad no-toda, eso lo podemos charlar–. Esta es una de las muchas explicaciones que hay.

Acá se habla de pasar de una lengua a la otra. En el hebreo, el estudio que hacen los cabalistas sobre el texto es muy interesante. Por ejemplo, hay muchos análisis que toman en cuenta simplemente la grafía de las letras, y es interesante incluso, en este contexto psicoanalítico, porque ya en aquellos tiempos se hablaba de conceptos como el equívoco. Por supuesto, de ahí se han nutrido tanto Freud como Lacan. Por ejemplo, la frase fundamental, la que uno dice diariamente cuando se pone los tefilin (filacterias), uno dice ahí, “escucha, Dios es único”. Más precisamente, “Escucha, Israel”, es el famoso Shemá. En realidad, cuando uno analiza esa frase que dice “Dios es único”, aparece “Ejád” (uno) en cuya grafía se ve la letra “daleth”, que tiene un formita que se confunde, si uno mira descuidadamente, se confunde con una letra que fue mencionada en la película, la “resh”. Y claro, si se transforma esa letra, si uno pasa de una letra a la otra, si transformas la “daleth” en “resh” devastas el mundo, dice el Talmud. Porque justamente transformas la palabra “ejád” que quiere decir único, uno, en “ajer” que quiere decir otro… pasamos de “Dios es Uno” a “Dios es Otro”. El Talmud está lleno, plagado de ejemplos de ese estilo. Por supuesto, no voy a profundizar en el tema en estos pocos minutos, pero básicamente esa esa es una de las ideas que me interesaron para esta intervención.

Dije antes que todos estamos atravesados por el hebreo y, también, que todos estamos atravesados por la lógica, por la matemática. De hecho, hay una frase fundamental  que está en el Seminario 19 de Lacan que dice “No hay enseñanza más que matemática, el resto es broma”. No sé muy bien cuánto conocen ustedes de bromas, pero el tema de que no hay enseñanza más que matemática no excluye, por supuesto, que también la matemática sea una broma. Pero más allá de esto, esa cuestión es fundamental, es una tradición que viene desde Platón y fue expresada con todas las letras en el Renacimiento de Galileo: el gran libro de la naturaleza está escrito en caracteres matemáticos. Por supuesto que el gran libro que le interesa a Lacan es el inconsciente y, aparentemente, para entender cosas del inconsciente uno tiene que estudiar matemática. Lo cual es una mala noticia porque es una lengua terrible, bueno, es una buena noticia para mí porque tengo la posibilidad de conversar con todos ustedes.

¿Por qué esta lengua dura es una lengua dura? O, más bien: ¿qué es la matemática? La matemática, como les dije antes, es un lenguaje bien hecho, y básicamente esa es toda la idea. Nosotros, como matemáticos, tal como dije antes que para el pueblo judío el texto es la patria y que la biblia empieza con “B” porque justamente “beit” es casa, podemos decir lo mismo: para los matemáticos, de alguna manera, el lenguaje es nuestra casa. Cuando uno piensa en el formalismo matemático, lo ve claramente reflejado en esa idea de que, para Bourbaki –un matemático que en realidad era un grupo de matemáticos, muy citado por Lacan– la matemática no es otra cosa que un juego desprovisto de significado. Para mí, ahí está el significado profundo, no solo de la matemática sino de esta conexión que yo quería hacer con esta noción de “lengua dura”. Más que nada, es una invitación a conversar. Ya han pasado los minutos, me siento tentado de contarles y decirles una cuantas cosas más pero es el momento ya de ir terminando. Muchas gracias.

Ursula Kirsch: Hola, buenas noches. La película, cada vez que la veo, cada vez que la vuelvo a ver, tiene la particularidad de producir para mí un nuevo descubrimiento. A mi entender, tiene muchos matices muy complejos y muy interesantes y yo solo voy a referir algunos, los que primero se me impusieron como si fueran los primeros, los más importantes.

La película se llama De una lengua a otra, la actividad está nombrada como “La migración de las lenguas” y a mí se me hizo muy necesario tener que decir que una migración no es un exilio. La migración supone una decisión de alguien que decide, quiere, tiene algún motivo, se da un tiempo, lo decide. El exilio está determinado por la persecución y la muerte. La película muestra en su formato de reportaje, a personas que hablan de su relación a la lengua, muestra de una manera muy particular qué es la lengua para cada uno. Que este exilio, provocado por hechos de sangre, que produjo pérdidas, no se resuelve con la preservación de los cuerpos sino que el exilio penetra íntimamente en eso que la lengua es en cada uno, de las relaciones de ese sujeto con su mundo  (hay algo que podríamos llamar “su mundo”), el lugar, su lugar, el que habita, ya que el lugar de cada uno, el lugar que cada uno habita y con el que cuenta, en el que se sostiene, ese lugar es la lengua con la que habla.

La película también muestra que el mundo, nuestro mundo, es decir, nuestra relación con los otros, lo que esperamos, lo que deseamos, aquello a lo que tenemos derecho, lo que debemos a los otros, es decir, la política, se transmite en la lengua que usamos. Podemos decir que una lengua es un pueblo, es una historia, y que es la historia que construyen aquellos que han podido hacer escuchar su voz con esa lengua.

La elección de la lengua (como hemos visto, solo se puede elegir una lengua si ya se tiene una, y pudimos ver que alguien que no ha podido tener del todo una lengua), la elección de la lengua, el caso concreto, la elección de la lengua alemana por los judíos en Europa no es una elección, un enamoramiento, una opción, fue un derecho legítimo, era de ellos también porque la construyeron. Por eso el nazismo no fue solo una traición sino la destrucción de las relaciones con el mundo que, con la lengua alemana, habían construido los que en esa lengua hablaban. Es algo que afecta a la lengua misma,  en tanto una lengua está “viva” en el uso de quienes la hablan y está la acepción de “lenguas muertas”, las lenguas antiguas que ya no se hablan, y está el proceso por el cual una lengua se puede convertir en muerta.

Esto también se ve en la película, lo que fue la gesta de la creación del Estado de Israel y me parece que viene muy a cuento acordarse de las cartas con las que Gershom Sholem invitaba a Walter Benjamin a emigrar a Israel y en donde Benjamin claudica, resiste, porque no puede abandonar la lengua alemana. Nos toca reconocer qué está vivo en una lengua, distinguir entre la melancolía y la pérdida que implican la persecución y la muerte y otro hecho, él que le sucede a cada hablante con lo que fue su “lengua materna”.

Cada hablante necesita disponer de su lengua materna para poder hacer un trabajo con ella. Lograr que su lengua materna pase a ser una lengua antigua, que se recuerda pero que ya no se habla, para poder pasar a hablar la lengua que comparte con los otros. Pasar de una endogamia  a una exogamia en la lengua que habla. Cada hablante necesita perder algo en su lengua, para poder apropiarse de su lengua: pasar de una lengua a otra. Hay otra operación que le es requerida al hablante que no es ni de migración ni de exilio, sino que es cierta pérdida necesaria, un dejar acontecer cierta pérdida para que pueda apropiarse de su lengua. Como decía la poeta al comienzo del documental, el húngaro no es más dulce que el hebreo por su consistencia de lengua, el húngaro solo es más dulce que el hebreo cuando fue la lengua materna.

En el caso del hablante que penetra en el trabajo de apropiarse de su lengua, no se trata de una pérdida irrecuperable, se trata de una pérdida necesaria para dar lugar a que subsista eso que aún no fue dicho. Se trata de una operación que es propia del hablante y que el hablante necesita hacer para legitimarse en su lengua, para que pase a ser suya, podemos decir apropiarse de la lengua requiere una pérdida de goce. Esto es lo que la violencia política impide, que cada uno pueda hacer este trabajo de pérdida de goce con su lengua, o sea, la lengua materna –se ha visto en varios de los reportajes– que eso que se tuvo que vivir a nivel de la lengua, queda presente como el objeto perdido. “Sueño en húngaro –dice la actriz– y alguna vez en hebreo.”

Se sueña porque se habla, por lo que el lenguaje le hace al sujeto. En el análisis, uno habla porque uno sueña, de una lengua a otra lengua. Hay varias cuestiones, por ejemplo esta cuestión de “de una lengua a otra” pone en juego la traducción como operación: en el soñante se opera una traducción en imágenes del sueño y cuando el soñante relata el sueño, hay otra traducción. Podríamos decir, de la endogamia a la exogamia: de la lengua materna a la lengua que se comparte con los otros. Y también la posibilidad de entrar, de conocer, de practicar otra lengua es, para la lengua que se habla una, liberación, es la posibilidad de abrir la fijeza de la determinación inconsciente en otras significaciones.

Bueno, muchas gracias.

Anabel Salafia: Yo quiero agradecer a Liliana Ganimí y a las personas que colaboraron para que sea llevada a cabo esta reunión y el hecho de que pudiéramos ver esta película, ocuparse de una cuestión complicada como el subtitulado en castellano y la complejidad que todo esto supone que es mucho trabajo y me parece que nos queda claro a muchos, a todos quizás, a cada uno, la importancia que tienen estos testimonios, es así como me parece que hay que considerarlos, verdaderos testimonios de lo que ha pasado cada uno al pasar, haciendo ese pase –en el sentido lacaniano del término, en el sentido en que Lacan usa el término– de una lengua a la otra. Es muy difícil que en más de un momento no nos sintamos realmente conmovidos por lo que sucede en ese paso de una lengua a la otra, que no es de ninguna manera, y eso es lo que queda claro, me gusta el título “De una lengua a la otra” no sólo porque suena muy lindo en hebreo sino porque los dos términos que se utilizan y que son “Misafa Lesafa”, estos dos términos dan cuenta bien de que no es una traducción, eso quería decir, no es una traducción de una lengua a la otra, está muy claro en todos los testimonios, no hay un solo testimonio en donde se hable de traducción, más bien es muy claro que queda como un sello lo imposible de la traducción, el imposible de la traducción en el pasaje de una lengua a la otra, no es tampoco el hecho de que se estén buscando términos equivalentes porque simplemente no los hay. El pasar, –para algunos, la mayor parte creo, no en todos los casos– el pasaje de una lengua a la otra, el pasar a habitar la otra lengua, es consecuencia de una persecución, pero en general sí hay una persecución que da lugar a la migración que, más bien, como decía Ursula es más –por lo menos así lo entiendo yo– es mucho más exilio, ¿exilio respecto de qué?, exilio respecto de la lengua llamada la lengua materna, la lengua de origen, esa lengua que todos vimos a este señor… el primer testimonio es el de la misma Nurith Aviv que dice pasa a otra lengua y a otro nombre y otro nombre que no es la versión del nombre en otro idioma sino, ella destaca muy bien, que es otro nombre. Otros de quienes dan testimonio dicen… ella dice, por ejemplo, que sus padres le ponen este nombre, Nurith, sin conocer el significado del nombre que es “luz” o “la luz” o “mi luz” en árabe, justamente, en este caso porque ellos vienen de Francia y les es tan extranjero el árabe como el hebreo.

Lo que me parecía muy interesante y muy conmovedor es que al pasar a vivir en esta otra lengua, habitar esta lengua, es el hecho de dejarse tomar o no por esta lengua. Por otra parte, no me parece llamativo que se trate de poetas y escritores y cantantes, músicos, la mayor parte de los testimonios y que uno de los cuales, como el ruso, tiene que asesinar, destruir su lengua materna para que no le interfiera para escribir y luego hay una suerte de recuperación en la música de esa lengua. Se habla en muchos de los testimonios de la represión de una lengua sobre la otra, incluso de esta cuestión relativa a la jerarquía de las lenguas, que el alemán nunca deja de ser la lengua de la cultura, por ejemplo, la lengua culta, siendo al mismo tiempo –hay esta ambivalencia– la lengua asesina.

La cantidad, la variedad de afectos que se ponen en juego, como la vergüenza en relación a la lengua materna o la humillación, el sentimiento de humillación. Esto si es algo bien ligado a la inmigración, al extranjero, al que llega, y que muchas veces… acá esto no aparece pero lo sabemos y lo hemos vivido porque en el país al menos un cincuenta por ciento somos hijos de inmigrantes, yo lo soy en mi caso, y lo que tiene que ver con el sobrenombre, no sé si esto ocurre de la misma manera en Israel pero en los países occidentales el inmigrante, el extranjero muchas veces adquiere un nombre que más que una nominación es una designación como “el turco”, “el ruso”, “el rusito”. El otro día veía una película en la que hay un pasaje del italiano al neerlandés y hay un chico llamado “italiano” directamente en el país al que se trasladan sus padres y la lucha por ser reconocido. Pero esto es diferente a lo que ocurre en la película.

Es cierto que es ir a, en este caso, a habitar a una lengua que, como también es subrayado en un momento, y sentido más que subrayado por quien da el testimonio, como impuesta, impuesta por el estado. Es muy impactante, por lo menos para mí  lo fue, esos testimonios en el que hay este proceso no de asimilación sino de apropiación, que es todo lo contrario de la asimilación, de hacer suya  una lengua impuesta y dejar de poseer la de origen.

También las cuestiones que tienen que ver con que siempre se trata de la lengua, no se trata simplemente de otro idioma, si el término “lengua” tiene para nosotros un sentido particular y difiere profundamente de lo que es un idioma es porque está como lengua, la lengua materna, y el hecho de que haya una lengua materna y en este sentido que sea algo alejado esta lengua materna, esto es algo que se produce, podemos decir, siempre, la necesidad de un cierto exilio de la lengua materna. Por eso digo no se trata de un idioma, un idioma es algo que se puede conocer, en cambio en la lengua se supone hay un saber, un saber propio de la lengua, el lenguaje es un trabajo de especulación sobre la lengua dice Lacan en algún momento, pero también puede decirse que el lenguaje es una especulación sobre el saber que la lengua tiene en cualquier idioma. Lo que es en este sentido interesante es que en relación a esta misma cuestión hay una diferencia que establecer: en algún momento Lacan crea este neologismo que es lalangue, -lalengua escrito todo junto– que no es la lengua materna, tampoco es el idioma del país de origen, sino más bien un cúmulo de condensaciones producidas por juegos homofónicos que se corresponden a un orden pulsional –oral, escópico, invocante o anal– es decir todo eso que une el goce y el afecto y de eso en estos testimonios es algo que nos hace pensar en esa no-relación, porque es esto lo que hay, esa no-relación entre una lengua y la otra, se mantienen las distintas lenguas, unas sobre otras, alguna –fundamentalmente la lengua de origen– reprimida.

Una cuestión que me llamó la atención es las cosas que pasan en una y otra lengua, por ejemplo esta mujer que dice que ella se desploma en húngaro. Lo dice a propósito de “se desploma” o “se yergue” o “se sienta” o “camina” en una determinada lengua, en una relación con la cadencia de esa lengua, no por casualidad es además en relación a la cuestión del padre que aparece este desplomarse en húngaro, volver a la lengua que tiene que ver con eso que es el nombre, el nombre del padre, y la mujer pregunta “¿qué pasó?”, qué pasó porque también algo pasó a la ausencia, pasó al otro lado y eso efectivamente juega en el dejar, en el perder la lengua.

Y la relación que me parece más palpable y que no se habla de una manera explícita pero que se transmite en esta película, en esta obra, lo que resulta más concreto es algo que tiene que ver con lo que se pierde con el lugar de la habitación –en el sentido del habitar– y también cuestiones que me hacían por momentos recordar una experiencia que es diferente pero que es interesante, que es la de ELias Canetti, no sé si ustedes han leído La lengua absuelta (a veces tiene otra traducción este título) donde se ve esta relación importante que se pone allí en juego cuando él es obligado por la madre a aprender el alemán sin que prácticamente  nadie se lo enseñe, es decir memorizando párrafos, y resulta que la madre hace esto para poder hablar con él como hablaba con el padre y lo hace a partir de la muerte del padre. Ahí es muy interesante ver cómo lo mismo que lo acerca a la madre es lo que lo aleja de la madre y que es eso lo que hace que él sea un escritor.

En definitiva es la lengua como síntoma, como sínthoma, lo que está presente en todos estos  testimonios. Bueno, creo que podemos seguir hablando después.

Noemí Sirota: Buenas noches. Yo también quiero agradecerle a Liliana Ganimí el trabajo enorme que se ha tomado a partir de una idea que surgió de una conversación que tuvimos juntas en la que ella me hablaba de la cuestión de cómo pensaba organizar la Secretaría de Biblioteca con algo que tenía que ver con la función del lector. Fueron surgiendo ideas en esa conversación y me acordé de la existencia de esta película, que yo todavía no había visto, que estaba buscando denodadamente; finalmente se la pedí a Anabel que me la trajo de París, así, entre todos, fuimos generando esta cuestión.

Hemos hablado tanto de la película, de lo que queríamos transmitir de estas cuestiones que se ponían en juego a partir de estos testimonios que bueno, yo voy a decirles algunas de las cosas que a mí se me han ocurrido a partir de esto en relación a la práctica del análisis y el cruce con este trabajo de lectura o de la forma de leer que también tenemos ahora, que es poder articular en cosas audiovisuales, que nos permiten también leer.

Un poco lo que me ha permitido pensar el trabajo con esta película es la diferencia que, en parte comparto con lo que decía Ursula, más bien me inclino por una cierta identidad y diferencia entre migración y exilio. Creo que hoy la situación política hace que el término que se use sea “migrantes”, que hace que coincida la cuestión del exilio y la migración; cuando llegaron nuestros abuelos a la Argentina también venían de persecuciones y exilios. En ese sentido migración y exilio creo que son bastante vecinas, se pasa de una a la otra situación bastante fácilmente y creo que eso tiene que ver con una cuestión de estructura respecto del exilio en la lengua, algo de eso decía recién Anabel, del exilio de la lengua materna. A mí me parece que una de las cosas que testimonia esta película y que se puede ir encontrando en cada uno de los relatos que hacen las personas que dan testimonio, es que de alguna manera el pasaje de una lengua a la otra replica y vuelve a traer las condiciones de entrada en el lenguaje, el trauma del lenguaje, eso de encontrarse con lo otro, con lo otro que la cosa, lo otro que la madre, la otra cosa que la madre, digamos, que es la cuestión del padre y que es precisamente lo que implica la entrada en el lenguaje y que ahí se produce un exilio, yo lo pienso de esa manera, que repone esa violencia. Que la diferencia, en todo caso, con lo que es la Shoa, el Holocausto, el exterminio de los armenios por los turcos, todas las matanzas que sabemos que constituyen la historia universal de la infamia, producen un exilio así como la entrada en el lenguaje. Y que la diferencia es que, lo que marca esas migraciones, lo que produce esos exilios en el hábitat que es la lengua es que se muestra el otro en su cara más siniestra, el otro en su cara más siniestra que produce un exilio esforzado.

Podemos distinguir: una cosa es el exilio de la lengua, el aprendizaje de la lengua, el forzamiento que implica esa construcción de la lengua a la que podemos asistir si hay un niño que comienza a hablar, esa represión, esa pérdida que necesita hacer para poder disponerse a entrar en una lengua y esa otra situación, que podemos relevar en los testimonios que escuchamos que dejan ese resto, ese resto que vuelve en la musicalidad, en la sonoridad, en esto indiscriminado que puede ser una construcción homofónica. Yo entiendo de esta manera el lapsus que tiene Lacan y que le permite articular el concepto de lalangue, todo junto, que son esos puntos, me parece, en los que no ha operado la gramática, la sintaxis, la separación que permite leer una lengua, que permite hablar. En ese todojunto que se produce en esos puntos que constituyen lalangue, es ahí donde la práctica analítica entra a poder hacerlo legible, me parece que en ese sentido tiene valor esta cuestión que plantea Lacan en el sentido de que eso hace límite a la discriminación simbólica, que la discriminación simbólica permite separar, distinguir, puntuar, ordenar. En esos puntos donde no opera lo simbólico, donde lo simbólico demuestra su incompletud, son puntos de imposible con los cuales nos encontramos, y esa es la diferencia que tiene nuestra práctica porque es leyendo esos puntos intraducibles, pegoteados, que constituyen lugares de concentración de goce y de sensibilidad, es en esos puntos donde nosotros nos metemos. Muchas veces se hace una actividad cultural en donde se trabaja un texto, un libro, una referencia, una película como la de hoy, y hay un pequeño deslizamiento porque se produce allí una especie de interpretación “lista para llevar” con la cuestión de los libros, y es otra manera en la que entramos en el análisis respecto de la lengua, respecto de la poética, respecto de la sonoridad. Me parece que es una cuestión interesante para distinguir entre lo que es la significación o la interpretación por el sentido y por la significación y lo que hacemos cuando escuchamos, cuando nos analizamos.

Bueno, voy a terminar acá porque me parece que son muchas cosas para conversar y que vale la pena.