Por Luz Lemos
Porge, Erik. Transmitir la clìnica psico-analítica, Nueva Visiòn, Bs. As., 2007.

En MNBA de Buenos Aires, una exposición de los  grandes maestros mexicanos.. Las artes visuales suelen acoger la época que les toca en suerte de diversos modos,..a partir del capítulo mexicano que inauguró la saga insurgente del siglo XX, dio en Orozco, Rivera y Siqueiros con las forman representativas que modularon la imagen de la revolución… estos tres autores que ligaron las tradiciones pictóricas amerindias  a las vanguardias europeas. Expresionismo, cubismo y surrealismo confluyen en la versión criolla resultante de aquel diálogo, que dio en el muralismo su punto de fusión con la historia presente al devenir arte público, lenguaje visual de masas, cuya vocación de interpelación a un sujeto colectivo se volvió una marca ineludible.

Andrés Duprat, Director del Museo Nacional de Bellas Artes

Ya Freud nos hizo notar como el arte despliega  ante  nuestra visión lo que en  nuestra búsqueda con torpe andar, vamos paso a paso despejando; recobramos hoy  el trabajo de autores que como Erik Porge nos van procurando huellas.

Tomamos puntualmente en el libro “Transmitir la clínica psicoanalítica“, el capitulo 17 “Avatares del individuo”, en tanto  aquí vemos como el autor desarrolla la pregunta por la posición del analista en la estructuración del síntoma,  destaca la dificultad de situarla en  los relatos clínicos de hoy en dia, cuando se  la enmascara mediando el prejuicio de la oposición individuo-colectivo y subraya que a tal oposición hemos de tomarla como una suerte de síntoma.

Al reconocer otra posición en Porge, me ubiqué en  la lectura de estas líneas, se diferencia  de la fuentes que deslizan imprecisiones a riesgo de conducir al borramiento del sujeto; es asi como nos esclarece y  vislumbramos las vías que nos llevan a  la aparición del efecto sujeto, no sin malestar en la cultura.

El discurso de la época produce una comprensión de la realidad que enarbola el individualismo, propuesto como supuesta realidad. Nos posicionamos desde otra lectura, siguiendo al autor partimos del  sentido etimológico por  la voz latina “individuum: lo que no se puede cortar, lo que es indivisible”,   se define individuo: como unidad contable cualquiera en una colectividad: una clase, con un individuo social abstracto, generalizado, que puede ser llamado usuario, consumidor, soltero.

Considerando significar un sujeto en su singularidad, tomando el concepto como una  abstracción que se opone a lo colectivo, Michel Foucault[1], lejos de no sujetarse a divisiones en la noción de individuo, considera distinguir tres entidades: la actitud individualista, en relación con el grupo o instituciones al que pertenece y en cuanto a la valoración de la vida privada; acentúa  la multiplicidad de sentido de la palabra individualismo y es así como nos confirma en considerar la división inherente al individuo (l’un-dividu).

Desde la sociología (Marx, Weber) inclusive hay un entrecruce, Se puede decir que en ambas corrientes las fronteras tienden a borrarse ante la presencia de una múltiple división y así nos dice nuestro autor: “nos lleva a preguntarnos si no se trata más que de INDIVIDUO, de UN-DIVIDUO”

Volviendo a la pregunta por la posición del analista, retomamos el texto: “Lacan considera en las Meninas de Velazquez el ejemplo  donde podría ejercerse a lo más vivo de la posición del analista. Las Meninas obra maestra de puesta en perspectiva…., ahora bien precisamente en la medida en que la perspectiva construye un mundo de la representación mesurable, conmensurable respecto del hombre, es que es posible presentar en él, y no representar el invisible, el inconmensurable objeto de deseo”.(Porge p142 ),

Cuando el pintor cruza la hoja en blanco con sus trazos  hace un marco, abre una ventana, crea una escena, introduce aqui y ahora una historia compuesta de trozos, brazos, objetos, cuerpos que no sin un sentido,  se brindan, convocan la mirada.

A modo de Velazquez, el analista está ya allí, en ambos sentidos de la expresión, ocupa un lugar antes que el analizante llegue a él, también a la inversa anticipándose;  Velazquez en el cuadro, al extremo opuesto el otro Velazquez  casi inaprensible ante tantos personajes destacados; personajes que están allí representando cada quien su lugar en esta escena, también en el espejo los reyes, imperceptibles tal vez, comandan  ese aquí y ahora que la escena pictorica nos brinda.

Así como en la escena onirica el sujeto estalla en los distintos actores que se presentan en el relato del sueño, en  el sueño de Freud  la inyección de Irma se despliegan la pluralidad de los personajes y los vemos que se agolpan, acuden a auscultar a la paciente, están el Doctor M, los amigos Otto y Leopoldo;  ella misma Irma y los otros remiten a la descomposición espectral del yo de Freud.

El inconsciente freudiano nos brinda en sí mismo el descubrimiento que el ser hablante jamás es “uno” siquiera cuando duerme. No es infrecuente que los sueños estén superpoblados, está en ellos  esa pluralidad que decíamos. Lo mismo sucede en otras formaciones del Inconsciente, particularmente en el chiste.

Es en el psicoanalisis cuando la división del sujeto en su dimensión estructural alcanzó su pleno reconocimiento, pasando por la división del yo freudiana, Freud encuentra el niño dividido ante su busqueda de satisfacción en el objeto y la prohibición recibida a tal inclinación. Lacan da un salto cualitativo y estamos no ante un objeto (el yo, el falo), sino el sujeto dividido entre saber y verdad.

Ante el discurso de la época se nos hace necesario despejar estos entredichos que de modo no inocente, buscan presentar al  parlante como individuo aislado en la multitud. Y consideramos como sostiene Anabel Salafia[2] al decir “Lacan plantea que lo colectivo es el sujeto de lo individual”, nos orienta también en nuestra lectura en el sentido de tomar las vías de la división del sujeto en el síntoma, el sueño, el chiste,  en la dimensión de lo colectivo como formaciones del inconsciente para ubicarnos en que la producción analítica no deja de introducir en su práctica   la aparición del sujeto barrado.

Este texto de Erik Porge nos abre en abanico pluralidad de temáticas que atraviesan el psicoanálisis ahora y nos orienta un horizonte a continuar trabajando, esta amplitud posible del texto, su extensión,  me llevo a tomar hoy este recorte para invitarnos a continuar la lectura.

[1] Michel Foucault, Histoire de la sexualite, vol.3, Le souci de soi, París, Gallimard, 1984,pp.56-57. Citado por B.Ogilvie, ob.cit,p64

[2] Anabel Salafia y otros autores, ¿Qué es la realidad?, El Psicoanálisis, la Ciencia y la Política, Kline, 2012, pp 116