Por Patricia Gaviola
Dvoskin, Hugo. Pasiones en tiempos de cine, Letra Viva, Colección Ensayo Psicoanalítico, 2014. 248 pág.

En Pasiones en tiempos de cine[i], una mirada psicoanalítica está invitada a la función. Este libro propone un encuentro con las emociones que viven los protagonistas de cada historia a través de las películas elegidas por el autor. Se trata en cada caso de  historias de pasiones cuyas tramas narrativas permiten, siguiendo su lógica, ir ubicando  las situaciones que a modo de acting-aut o pasaje al acto sirven a veces de salida, a veces no, a los personajes del atolladero pasional en que se encontraban.

¿De qué pasiones se trata? Las pasiones presentan la cuestión de la existencia y del ser, si bien eso es la vida misma, para el psicoanálisis tienen una especificidad donde esto se puede incluso oponer. Sabemos que la existencia es de lenguaje,  tiene que ver con la división subjetiva, y en ese sentido con la caída del ser.

Si utilizamos el término pasión en sentido general  podríamos  confundirlo con el entusiasmo. Adjetivando la pasión, un apasionado es un afortunado, alguien que no se detiene ante los contratiempos. Alguien que está causado.

Dado que “Pasiones y afectos en la clínica psicoanalítica”   fue el tema del “Curso de verano 2016” en la escuela, me pareció oportuno articular esta diferencia.

Amor, odio e ignorancia; las pasiones prometen la inmortalidad del alma y la consistencia del ser. Intentan desconocer la dimensión temporal: te amaré o te odiaré hasta la muerte.  La ignorancia no corresponde al no saber  sino a su rechazo. No querer saber que no hay saber que alcance la verdad.  La pasión viene a distraernos de todas las faltas al precio de sufrir.   Como dijo Freud,  nada hace consistir al ser más que el dolor. Sufro, luego existo.

El sufrimiento de la pasión  evoca que  se trata del goce del ser en tanto falta en ser a causa de la existencia del deseo. Pasión y deseo se encuentran  y se oponen.

El libro se divide en cinco capítulos. Cada uno constituido por una serie de películas  que se agrupan bajo el significante que cada protagonista  encarna.  El primero se llama “Madres”,   el segundo “Padres, el tercero “Parejas”,  el cuarto, “Tragedias cotidianas” y el quinto “La” tragedia, que  presenta un original análisis de Hamlet.

Dice el autor: “No hay  apropiación subjetiva de la pasión. Eso muestran Jesucristo y Hamlet dirigiéndose al final de su destino. La pasión es el cumplimiento del deseo del Otro como mandamiento. Esos deseos del Otro que constituyen nuestro ser”.

Lo más logrado del libro, a mi gusto respecto de mostrar una pasión al modo   que se la puede leer en psicoanálisis, es el análisis que hace Dvoskin  de Sonata Otoñal.  Con un punto de vista original y  bien argumentado plantea la posibilidad de que ese encuentro entre madre e hija (Charlotte y Eva), en el  que se basa el argumento  de la película de Bergman, no haya existido y que se trate de una conversación imaginada con el fantasma de la madre, a través de las cartas que la hija le escribe.

Sonata es una pieza instrumental que no incluye la voz, el título estaría haciendo  alusión a una ausencia.

Por medio del recurso de las cartas Eva, en su melancolía, mantiene  viva a su madre de quién todavía espera el  amor y el reconocimiento que no tuvo.

Continúa el autor: “Madre es aquella que mira a sus hijos. De cómo  los mire quedará definido  el destino de esos hijos y  el entramado que se  haga con la madre”.

Eva dedica su vida a denunciar la ausencia de la madre. Si bien madre es un significante como cualquier otro, alguien tiene que encarnarlo. Charlotte no lo hizo y el estrago en Eva es evidente.

Ciega de odio por el egoísmo de la madre, no mira a su propio hijo que muere ahogado. Dvoskin observa que es una forma de  muerte que evidencia que no había nadie mirando.

La pasión  de Eva es la reivindicación de “La Madre”  que no quiso saber que su madre no podía  ser madre, no fue nada personal.

Sin   justificar el desamor,  pensar de otra manera la falla  de su madre le  hubiera habilitado cuidar mejor a su hijo.

Eva muestra que el reproche es el  fracaso del amor por la falta que no se puede dar.

Podríamos decir que las pasiones  muestran cómo persistir   se opone a existir y que donde está la persistencia habrá que buscar la pasión en que  quedó  capturado el ser.

Hay veinticinco  películas más en el libro para pensarlo.

[i] Se encuentran en la biblioteca Oscar Masotta otros libros donados por el autor