Por Mirian Dios
Si partimos de la pregunta: ¿cuál fue primera, la biblioteca o la Escuela? y sin la intención de construir un origen podemos suponer que en la biblioteca en la que se reunían Oscar Masotta, Norberto Ferreyra, Anabel Salafia y otros, se hicieron los trazos hace 51 años, del Acto que fundó la Escuela Freudiana de la Argentina, la que nos legaron y a la que pertenecemos.
Hacer Escuela, hacer biblioteca, como dice la canción “pasan los años, pasan los veranos, pasan los inviernos, pasan los autores…” pero queda la biblioteca.
Como escribe Jorge Luis Borges, “La biblioteca perdurará: iluminada, solitaria, infinita, perfectamente inmóvil, armada de volúmenes preciosos, inútil, incorruptible, secreta”[1].
En nuestra biblioteca, cada libro “nos habla” en estrecha ligazón con la práctica del psicoanálisis. Se trata de ese resto activo[2] que causa la lectura y hace de este lugar un “laberinto de letras”[3] donde la búsqueda nos permite conjugar verbos como buscar, mirar, leer, indagar, navegar… apostando al encuentro que con buena fortuna ocurrirá, de algo especifico, así como descubrir lo desconocido.
Hundirnos en el papel con su tinta y trazo conduce a un universo que parece tornarse infinito e imposible, y a la vez constituye ese dejarse llevar por el placer de la lectura.
Morada que invita a sumergirnos en la lectura de los fundadores del psicoanálisis como con los autores de nuestra escuela, contando con lo que es posible ocurra. Hay un resto entre las hojas que abrirá una carretera al deseo de cada cual.
Freud nos advierte que no toda la pulsión puede ser agotada, pero que una parte mínima podrá ser ligada al arte de la Ciencia. Más allá de la pretensión freudiana de hacer del psicoanálisis una ciencia, lo cierto es que se trata de un discurso y una práctica que en la que es indispensable que el analista sea al menos dos: el que dirige una cura y de aquel que transmite los efectos de la misma[4].
Y en este sentido cómo nos plantea Lacan en Alocución sobre la enseñanza[5] podemos aventurar una pregunta: ¿en cada libro de esta biblioteca la escritura del autor habrá sido como analizante?
Obras que surgen de un enigma sobre el que se teje una trama, tejido sobre un agujero, que permite el surgimiento de otra cosa, algo nuevo, algo que se intenta cercar en palabras. Se trata de un saber hacer, un decir a través de la escritura que como tesoro del Otro se encuentra en la biblioteca.
“La certidumbre de que todo está escrito nos anula o nos afantasma”[6], es por eso que la biblioteca de la Escuela Freudiana de la Argentina, como toda biblioteca, nunca estará completa, siempre algo hará falta.
[1] Borges, Jorge Luis. Ficciones. La biblioteca de Babel. Alianza Editorial.
[2] Ferreyra, Norberto. Lo orgánico y el discurso. Editorial Fundación Ross. Año 2009.
[3]Borges, Jorge Luis. Ficciones. La biblioteca de Babel. Alianza Editorial.
[4]Borges, Jorge Luis. Ficciones. La biblioteca de Babel. Alianza Editorial. Lacan, Jacques. Seminario R.S.I. Clase 1. Año 1975-1975. Inédito.
[5] Lacan, Jacques. Alocución sobre la enseñanza. Escritos 1. Siglo XXI, Edic. Año 1988.
[6] Borges, Jorge Luis. Ficciones. La biblioteca de Babel. Alianza Editorial.