Por Cristina Curuchelar

Entusiasmada por algunos problemas y preguntas que fui compartiendo en este tiempo de lecturas y encuentros virtuales intentaré realizar, más que un mero comentario  teórico, la transmisión de una posición discursiva.

Me interesa avanzar en la problematización de la constitución del sujeto como singularidad irreductible a los movimientos de la historia, así como la participación enigmática de su deseo en la voluntad colectiva.

¿Qué elementos constituyentes de una existencia hablante, sexuada y mortal hacen que se produzca un determinado tipo de elección ético-ideológica? ¿Cuál es la tensión entre esa existencia y la diferencia que se juega en la relación fantasma-ideología?

Algunos autores intentan situar cómo la pulsión conduce y orienta el lazo social, considerando que ahí se aloja el resorte de ese malentendido que caracteriza el encuentro con los otros.  

Experiencia-Autoridad-Poesía

Giorgio Agamben en “Infancia e Historia” afirma que al hombre contemporáneo se le ha expropiado su experiencia; más bien la capacidad de tener y transmitir experiencias…  dice que la poesía intenta hacer algo con  eso.

Se refiere a W.Benjamin cuando, en 1933, había diagnosticado la “pobreza de experiencia” de la época moderna. Dice Agamben en el texto “Infancia e Historia”:

“Jamás ha habido experiencias tan desmentidas como las producidas por la guerra de trincheras, las económicas por la inflación, las corporales por el hambre, las morales por el tiranoEs preciso aguardar al siglo XIX para que las manifestaciones literarias dieran cuenta de la opresión de lo cotidiano… es precisamente lo cotidiano, y no lo extraordinario, la materia prima de la experiencia que cada generación le transmitía a la siguiente…

Porque la experiencia no tiene su correlato necesario en el conocimiento, sino en la autoridad, es decir, en la palabra y el relato… La tarea que nos proponemos –recogiendo la herencia del programa benjaminiano “de la filosofía venidera”- es preparar el lugar lógico donde esa semilla pueda alcanzar su maduración”

La lectura de Agamben y Deleuze me llevaron a una relectura de Walter Benjamin y Sigmund Freud.

Fue importante la incidencia de la obra y el nombre de Walter Benjamin en mi propia formación, en la de muchos de mi generación, y aún es un referente. Fue muy leído también por fuera de la filosofía.

Benjamin con Freud.

Walter Benjamin nace en 1892 en Berlín, Alemania y muere en 1940 en Portbou, España. Muere en plena guerra (Segunda Guerra Mundial 1939-1945) tratando de escapar de los nazis por la frontera franco-española. Se suicida en Portbou a los 48 años. 

Fue judío y marxista. Crítico de las posturas social-demócratas de ese momento histórico, participa del Idealismo alemán (Romanticismo)… del materialismo histórico (marxismo)… del misticismo judío.

Como parte del grupo de pensadores de la escuela de Frankfurt después de la Shoah y el Holocausto toma en cuenta los aportes de Freud para pensar el “mal” y el “horror” de otra manera…

Su “mesianismo”, distinto de una posición “fundamentalista”, habla del fin de “nuestro” mundo, de los modos de nuestra relación a la muerte, el tiempo, la ley… Su “romanticismo” supone una posición ante la modernidad de su época. Nos insta a ir hacia el futuro en una recuperación del pasado. Es uno de los primeros movimientos modernos cuyo primer objeto de crítica es la omnipotencia de un hombre que cree poder reemplazar a Dios por medio de la razón y la ciencia.

Benjamin subraya que la vida de la que se trata no la encontramos en “las profundidades del alma” o “el sentimiento inmediato de la vida” sino en la dimensión mítica que se revela en el núcleo poético o pulsional de nuestra existencia humana…

En “Experiencia y pobreza”, de 1933, Benjamin da cuenta de cómo los hombres que vuelven de la guerra no lo hacen enriquecidos sino más pobres en experiencia, en la medida en que no logran encontrar un sentido a las vivencias por las que pasaron.

Una experiencia no es cualquier vivencia, ni cualquier encuentro con el mundo: es una elaboración de ese material en la forma de un relato significativo para los otros… “una facultad nos está siendo retirada: la facultad de intercambiar experiencias”.

Para hacer experiencia con el pasado Benjamin necesita cuestionar no sólo el modo tradicional de hacer historia, sino también el modo como se ha comprendido el tiempo.

Indaga en la posibilidad de hacer una experiencia con el pasado que interrumpa el curso lineal de la historia. Esta posición respecto al tiempo y la historia le da a sus elaboraciones una potencialidad política fuerte y necesaria.

Desde 1890 Freud hace del alma una herramienta, un instrumento. . “Tratamiento del alma” quiere decir tratamiento por el alma. En la conferencia citada Freud busca saber sobre el crear poético… y  afirma: “en todo hombre se esconde un poeta… y en todo poeta un niño que juega”… formula su tesis sobre “la marca temporal”, los tres tiempos, y el deseo que los engarza… y apela a una metáfora. Dice: “Vale decir, pasado, presente y futuro son como las cuentas  de un collar engarzado por el deseo”.

En 1920, en el capítulo 4 de “Más allá del principio del placer”  Freud ofrece su hipótesis referida a la pulsión de muerte, llevando hasta su límite el concepto de pulsión.

¿Por qué tal pasaje al límite? Para Lacan ese límite se llama lo real. Dice Lacan: “La pulsión de muerte, es lo real en tanto que no puede ser pensado más que como imposible…. Hace al fundamento de lo real que ella, la muerte, no pueda ser pensada”.

Se trata de un límite, de un “más allá” al funcionamiento del principio del placer

Lacan capta que Freud a partir de 1920 había logrado hacer coincidir la invención psicoanalítica con un pensamiento nuevo: “gobernar, educar y psicoanalizar son tareas imposibles”. Freud en “Más allá del principio del placer” conmueve la ficción simbólica moderna pues capta la ley en su raíz pulsional.

Benjamin con Baudelaire. “Los ojos de los pobres”

Como referencia literaria, propongo para su lectura un poema en prosa de Baudelaire: “Los ojos de los pobres” (En “El “spleen” de París” de 1862).

Charles Baudelaire nació en París en 1821 y murió también en Paris en 1867, a los 46 años.

¿Por qué Benjamin lee a Baudelaire? A Walter Benjamin le interesa analizar el empobrecimiento de la experiencia en el siglo XX: los cambios ocurridos en Europa ligados a los avances de la técnica, la vida en las ciudades y la gran guerra.

Baudelaire escribió “Le Spleen de París” en 1862. Es un libro de “poemas en prosa”, el N°62 se titula “Los ojos de los pobres”. Son relatos de experiencias que nos permiten reconocernos en los personajes, en su temporalidad y en su propia vida. La palabra “spleen” tiene varias traducciones: tedio, angustia, cansancio, temor. 

❖  Los ojos de los pobres, Charles Baudelaire

¿De modo que quieres saber por qué te odio hoy? Te será, sin duda, más difícil entenderlo que a mi explicártelo, pues creo que eres el más bello ejemplo de impermeabilidad femenina que cabe encontrar.

Habíamos pasado juntos una larga jornada que me resultó corta. Nos habíamos prometido que nos comunicaríamos todo nuestros pensamientos el uno al otro y que, en adelante, nuestras almas serían una sola (…).

Al anochecer, como estabas algo cansada quisiste sentarte en la terraza de un café nuevo que hacía esquina con un bulevar también nuevo y todavía lleno de escombros, que ya mostraba su esplendor inacabado. El café está resplandeciente. Hasta el gas alumbrado desplegaba todo el fulgor de un estreno e iluminaba con toda su fuerza las paredes de una blancura cegadora, las superficies deslumbrantes de los espejos, los dorados de las molduras y cornisas, los mofletudos pajes arrastrando con perros con correas, las damas sonriendo al halcón posado en el puño, las Hebes y los Ganímedes ofreciendo con los brazos extendidos un ánfora con jaleas o un obelisco bicolor de helados con copete, toda la historia y toda la mitología puestas al servicio de la glotonería.

En la calzada, justo delante de nosotros, se había plantado un buen hombre de unos cuarenta años, con cara de cansancio y barba entrecana, que llevaba de una mano a un niño, mientras sostenía en el otro brazo a una criaturita demasiado pequeña para andar. Estaba haciendo de niñera y llevaba a sus hijos a tomar el fresco de la noche. Todos iban andrajosos. Los tres rostros estaban extraordinariamente serios y los seis ojos contemplaban  fijamente el café nuevo, con igual admiración… Los ojos del padre decían: “¡Qué precioso, qué precioso!”. Se diría que todo el oro de este pobre mundo se ha concentrado en estas paredes”. Los niños exclamaban: “¡Qué precioso, qué precioso!” “Pero este es un sitio donde sólo puede entrar la gente que no es como nosotros”. En cuanto a los ojos del más pequeño, estaban  demasiado fascinados para no expresar más que una alegría estúpida y profunda.

Dice la letra de un canon que el placer hace a las almas buenas y ablanda los corazones.

Por lo que a mí refería, la canción tenía razón esa noche. No sólo me había enternecido aquella familia de ojos, sino que me sentía  un tanto avergonzado de nuestros vasos y de nuestras jarras, mayores que nuestra sed. Había dirigido mis ojos a los tuyos, amor mío, para leer en ellos mi pensamiento; me había sumergido en los tuyos tan bellos y tan extrañamente dulces, en tus ojos verdes, habitados por el capricho e inspirados por la luna cuando me dijiste: “¡No soporto a esa gente con los ojos abiertos como platos! ¿No podes decirle al encargado del café que los eche de ahí?”.

¡Hasta qué extremo es difícil entenderte, ángel mío! ¡Hasta qué extremo es incomunicable el pensamiento, incluso entre aquellos que se aman?

¿Qué relación al amor se pone en juego aquí? ¿Qué “lee” el protagonista en esos “ojos”?

¿Se trata de la ideología presente en la poesía… en la filosofía… en el psicoanálisis?

¿Qué relación entre lo incomunicable en la experiencia y su transmisión?

Gilles Deleuze en “Crítica y clínica” nos dice: “Escribir es un problema”… ¿De qué problema se trata?… ¿qué hace el escritor?… Deleuze  nos dice que el escritor inventa una “lengua nueva”… que tiene que ver con la historia de un pueblo oprimido que falta.

Luego de leer este “poema en prosa” que nos ofrece Baudelaire, podría decir que escribir no es contar los recuerdos, los amores y los desencuentros, los sueños y las pesadillas…  el escritor sigue el camino inverso pues se plantea descubrir bajo las personas aparentes la potencia de una singularidad… la literatura es disposición colectiva de enunciación. 

La dimensión política de la palabra poética no es sólo por su acción sobre lo social… es por lo que toca en un sujeto que se muestra en su división respecto a un objeto…

Es con el deseo del Otro que se puede hacer que un deseo pueda llegar a ser propio.

Ahí está su oportunidad, la de hacer “experiencia” en lo ordinario y lo contingente de nuestras “vivencias” cotidianas.

Bibliografía
Sigmund Freud: “El creador literario y el fantaseo”, 1907.
Giorgio Agamben: “Infancia e historia”, 1978.
Gilles Deleuze: “Crítica y clínica”, 1996.
Walter Benjamin: “Sobre el programa de la filosofía venidera”, 1918 – “El narrador”,1936 – “Experiencia”, 1913. “Experiencia y pobreza”,1933.
Charles Baudelaire: “Los ojos de los pobres”, 1862.
Norberto Ferreyra: “¿El acto analítico, tiene una dimensión política?”, 2006.
Grupo de lectura “Experiencia de la estructura” – Coordinación: Jorgelina Estelrrich, EFA – 2020: Interlocución con los trabajos de: Rodrigo Banegas, Franco Santéramo, Luz Lemos, Susana Álvarez.

Ilustración: fotograma de Walter Benjamin