Por Graciela Zagarese

Voy a acercarme en esta oportunidad a la obra de una escritora de los años 20, Norah Lange.

Novelista y poetisa argentina. Nace en Buenos Aires el 23 de octubre de 1905. y fallece el 5 de agosto de 1972.

Jorge Luis Borges, su primer maestro en la expresión poética la inicia en los movimientos de la vanguardia. Se casa en 1943 con el escritor Oliverio Girondo.

Publicó libros de poesía y varias novelas: Los días y las noches, El rumbo de la rosa, Voz y vida, Cuadernos de infancia, Personas en la sala, entre otras.

En esta oportunidad voy a tomar una de ellas, Personas en la sala, escrita en 1950.

Esta novela se despliega en los bordes entre lo onírico, lo imaginario, lo real.

En su argumento simple, austero, en el que parecería que nada sustancial ocurre, se esconden múltiples niveles de significación.

Una mujer joven, la narradora, mira a través de una ventana lo que va aconteciendo en la sala de una casa de la calle Juramento, la casa de enfrente.

“Cuando los demás rememoraban una fecha destinada a perdurar, algún episodio sin interés, el júbilo aquietado de cuánto aconteció en ella …, para mí en cambio aquella casa sólo constituyó el sitio más cómodo y propicio para vigilar la otra”.

La joven protagonista, casi sin advertirlo va aislándose de todo lo que ocurre a su alrededor, para ingresar a otra escena que vislumbrada desde su ventana la cautiva.

En esa sala de la casa de enfrente tres mujeres sentadas en torno de una mesa, parecen habitar un otro tiempo.

La quietud de los personajes y objetos, las frases entrecortadas, interrumpidas por un suspiro, un movimiento, la fragancia de un perfume, un color; van creando un clima donde realidad y fantasía se intrincan ajustadamente.

“Transcurrió mucho tiempo antes de que me interesara aquella casa y sus invisibles moradores”.

La imaginación inagotable de la protagonista dona a cada una de esas tres mujeres sus propias conjeturas, deseos, fantasmas.

“Me las adjudiqué como una pertenencia, cómo una costumbre de mis tardes que solamente yo podía corregir… no quise apurarme, más tarde tendría tiempo de indagar en sus minuciosas y conversadas soledades”.

En la permanencia de una escena fija, con pequeñas variaciones ella va tejiendo un mundo de supuestos, de ondulaciones dadas por alguna que otra palabra que perfila hacia un lado u otro, según lo que el momento le ofrece en sus diferentes matices.

“No sé por qué me estremecí, al saberme allí en la penumbra atada a aquella casa…. en vez de salir, de leer en mi cuarto, de ser libre como antes”.

A veces desde la ventana de su habitación, otras animándose a visitarlas, pero siempre con ellas.

Dos objetos de la pulsión, la voz y la mirada recorren toda la obra.

“Me dijo con mi voz, detrás de su cara vi a las dos mirándome”.

En esa imagen narcisista ella se ve, como compuesta por trozos de estas tres caras en el marco de una ventana.

“Tendría un dolor oculto dirían algunos al verme cerrar un libro sin señalar la página, será la edad, murmurarán otros, mientras las tres caras se instalaban adentro de la mía, habituándose a extrañas conversaciones, marcando para siempre ese invierno de mis 17 años”.

Sabemos que en toda fantasía hay una mirada que organiza la escena, una recreación escénica que es vista desde algún lugar. También sabemos que la realidad es la del fantasma. Está en una frase, un texto, con eso la realidad se estructura y desde donde se organiza para cada quién su lugar en el mundo.

Ésta novela lo testimonia y es la porosidad y ambigüedad con que la autora la va hilvanando, lo que crea en el lector la sensación de lo incierto, lo enigmático, lo desajustado, lo que no se termina de ubicar.

El manejo del tiempo -ese tiempo tan enlentecido, poblado de escasas palabras dichas y largos silencios, de diálogos breves, de apenas movimientos- hace que cada tramo del recorrido contenga la resonancia de lo dado a ver y es esa resonancia la que hace al espesor de esta obra.

La construcción de ese espacio y de esa atmósfera tan particulares genera el deseo de morar y demorarse allí.

Sugiero su lectura que va tan a contra pelo de los tiempos que corren, caracterizados por la inmediatez, la urgencia, la velocidad; como una invitación a experimentar el tiempo de otra manera.

Las hermanas Brontë (pintura óleo) de Patrick Branwell Brontë, 1834
People in the Room la autora se inspiró en un retrato de las tres hermanas Brontë 
Artista de portada Horacio Butler (1897-1983), 1° edición 1950 – Editorial Sudamericana