Por: Emiliano Verona

En la Inglaterra de la era isabelina, el apuesto y noble joven Orlando pasa sus días inmerso en lecturas e infructuosos intentos de escribir bajo su árbol de roble. Su reina lo nombra su preferido, y le obsequia un anillo de esmeralda que lo dotará de una capacidad fantástica para no envejecer ni morir. Durante una fiesta de la corte, se enamora perdidamente de una princesa rusa.

 “Imágenes, metáforas de los más extremas y extravagantes sobrevolaban y se retorcían en su mente. La llamó melón, ananá, árbol de olivo, esmeralda y zorro en la nieve todo en el lapso de tres segundos”.

La apodará Sasha, como el zorro que le había regalado su padre cuando era un niño, y al que sacrificaron porque sus “dientes de acero” mordían a tal punto de ser peligroso. Unos pocos pero intensos días de pasión le bastará para imaginar e incluso planificar una vida juntos. Sin embargo, ni bien se presenta la oportunidad Sasha lo abandona sin más explicaciones regresando a su Rusia natal. Seguir leyendo “Subjetividad victoriana: Virginia Woolf y su Orlando[i]”