Por Ursula Kirsch
La invitación a escribir un texto para celebrar la reapertura de la Biblioteca de la Escuela en la nueva sede de la EFA convocó primero el recuerdo del momento de su mudanza. ¿Cómo se llevaría a cabo? La idea del traslado parecía conmover la ilusión de un todo sólido y unitario enmarcado en estantes. ¿Qué pasaría con cada una de sus miles de partes durante la movilización?
Puso en evidencia que el emplazamiento físico de la biblioteca estaba ligado a alguna forma de referencia. La biblioteca de la escuela. ¿Es porque se trata de libros? ¿Qué encierra para cada uno el “amor por los libros”?
Ahí recordé el nombre de la biblioteca: Oscar Masotta.
Se presentó primero lo instituido. Oscar Masotta, Norberto Ferreyra y Anabel Salafia fundaron la Escuela Freudiana de la Argentina. Luego, recuperé el dicho acerca de sus libros –no sabemos si todos, si una parte, o cuáles sí y cuáles no– fueron donados a la actual biblioteca.
Quiere decir que esta biblioteca cuenta con libros que formaron parte de su acervo personal. Su inventario, su enumeración, podrían aportar una información que no parece haber sido explorada. ¿Cuáles fueron los libros que O. Masotta leyó? ¿Cuáles fueron sus búsquedas, sus preguntas? Permitiría tropezar con la sorpresa de los autores que leyó.
Encontré que para situar estas preguntas me faltaban datos. Decidí remitirme a lo que los historiadores llaman fuente. Recurrí a la bibliotecaria de la escuela, Gabriela Cosin.
Lo primero que le pregunté fue: ¿Es cierto que en la biblioteca están los libros de O Masotta? No hay ningún registro, me contestó, eso circula como un mito fundacional, pero, en uno de los libros, el Diccionario de Psicología y Psicoanálisis, de Daniel Valmon, encontré el remito, emitido por la Editorial Jorge Álvarez (Talcahuano 485, a la vuelta de la actual sede de la EFA) a nombre de Masotta O. Ese remito es lo que los historiadores llaman documento, el dato duro, la prueba.
Las primeras palabras impactan. No hay ningún registro, quiere decir que no contamos con un documento escrito, una firma que legitime la donación. Solamente contamos con lo que alguien dijo. Y eso que alguien dijo sostiene la donación mientras vuelve presente una falta. Esta falta no parece haber entrado en la cuenta en las distintas investigaciones que últimamente se dedicaron a explorar su obra.
Durante la mudanza de estos libros, ¿hay algo que te llamó la atención? le pregunté después. ¡Sí! ¿Por qué hay tantos libros sobre comunicación?
Si se hace la prueba, con solo tomar los que quedan más a mano, surgen estos títulos:
- Los efectos de la comunicación de masas, Umberto Eco, G. Friedman,J. Hellosamy y otros, también de Ed. Jorge Álvarez (1969).
- The mechanical bride. Folklore of industrial man, Marshal Mc Luhan, con dedicatoria de Julián para dearest Oscar. (12/7/67).
- Information, influence and comunicación. A reader in public relations (1965)
- L’information et le développement naturel. de Wilbur Schramm (1966).
- Mass Culture. The popular arts in America (Cultura de masas. Las artes populares en EE.UU. 1957) (AAVV, 1964)
- The idea of Arts as Propaganda in France 1750-1799 y A study in history of ideas, de James Leith. (1965)
Son solo algunos, podría haber otros, incluso más relevantes. Constatamos que tratan sobre comunicación. Son libros que fueron sostenidos por otras manos, subrayados, leídos. En diferentes lenguas, sin solución de continuidad. Se trata de cómo se constituye el mensaje, de quién lo emite, y que es recibido como influencia. La tecnología y las masas.
Y también éste, sobre comunicación y política: Tres teorías sobre la prensa en el mundo capitalista, de Siebert y Peterson, Ed. De la Flor. (1967) Se destacan sus tres capítulos: Teoría autoritaria de la prensa, Teoría libertaria de la prensa y Teoría de la responsabilidad social de la prensa.
Y el Comic, en este otro: Haw Comic Strips are Made. Why they have an enormous influence in american thought and customs, de Russ Winterbotham (1946): Por qué el relato en dibujos penetra costumbres y pensamientos.
Y entonces Gabriela Cosin extrajo de algún estante unos tomos muy ajados, amarillos y comenzó a despegar el papel film en que estaban envueltos para protegerlos. Eran las Obras Completas de Sigmund Freud, Traducción de Luis López Ballesteros y de Torres, Ed. Americana Bs. As. 1943, con sello de la Librería Huemul, firmado por alguien en 1949, con subrayados y comentarios. Alguien tuvo que haber estudiado con ellos. No sabemos quién.
La conversación naturalmente entró en los años ’60, el movimiento de la Vanguardia, en los temas recurrentes, tratando de pescar el sesgo Masotta. El interés por el impacto de la tecnología en el público. En uno de los eventos se trataba del encuentro del espectador con su propia imagen en la pantalla del televisor. La experiencia con el helicóptero sólo fue posible a partir del rumor. O el performático: La teoría como acción.
Estas experiencias, documentadas y fundamentadas en los muchos ensayos y escritos de O. Masotta ¿habrían intervenido el modo de plantear los temas, formular las preguntas, construir los programas, de El modelo pulsional o de los Ensayos Lacanianos?
Es muy interesante, esa coincidencia y a la vez diferencia de Masotta y la Vanguardia.
¿Por qué será que los investigadores no llegan a decir que fue psicoanalista? Veamos qué me respondió G. Cosin: Buceando un poco más vi que Masotta no tuvo una deriva del arte al psicoanálisis, sino que fueron intereses que coincidieron cronológicamente. Es para seguir leyendo y escuchando.
¿Por qué será que los investigadores no llegan a decir que fue psicoanalista? Veamos qué me respondió G. Cosin:
En abril de 1965 se publica en la revista Pasado y Presente (Córdoba) una ponencia de Masotta de 1964 en la Escuela de Pichon Riviere: «Jacques Lacan o el inconsciente en la filosofía». También en 1965 da las dos conferencias sobre «Arte pop y semiótica» en el Di Tella que en 1967 publica la editorial Jorge Álvarez como «El Pop Art». Álvarez publica también en el 65 Sexo y traición en Roberto Arlt –que Masotta escribió en el 58– lo explica él mismo en la presentación del libro, es el famoso texto «Roberto Arlt, yo mismo», los happenings son del 67, y en el 69 lee la conferencia «Leer a Freud».
Calculo que de ahí hasta la fundación del 74 se dedica a los grupos de estudio, ¿no? Esa coincidencia en el tiempo redobla la apuesta. Dice de O. Masotta y de su división. Pero sobre todo dice del trabajo verdaderamente analizante de extraer de ese cruce su posición.
La tenue luz de ese atardecer de verano recayó entonces en un amplio sector de la biblioteca, cerca de la ventana. En los estantes, prolijamente apiladas, torres de carpetas. ¿De qué se trata? Estas son las clases dictadas en la escuela desde 1980.
La enseñanza pura y dura, fue la respuesta.
Otro impacto. “La enseñanza pura y dura” me atravesó. Se me presentó inmediatamente el enorme trabajo que subyace a cada clase. Hay un catálogo hecho por Liliana Ganimi, es el recorrido realizado en enseñanza en la EFA desde 1983 y de estos seminarios que se dieron. Se trata de las clases que no se digitalizaron, que solo existen en papel. Una enseñanza que continúa hoy, cuyo registro encontró otro formato, y que se sostiene en la escuela desde ya hace más de 50 años.
¿Será que hay entre esos dos sectores de la biblioteca una articulación?
No es que la semiótica ilumina el psicoanálisis, sino que hubo alguien que tuvo la osadía de hacer de sus preguntas un trabajo. Ese gesto produjo transmisión.
Hay en esa apuesta algo intrépido, ¿irreverente?, y a la vez despojado y simple, un acto, que hace rodar desde la falta una transmisión.
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