Por Luz Lemos

catherine-millot-la-vocacion-del-escritorCatherine Millot despliega en este libro la siguiente pregunta “¿Cuál es el goce que otorga al acto de escribir el poder de ser preferido a cualquier otro?” y continúa considerando el punto: “Este recorrido de la letra, desde lo que ella hurta hasta lo que ella restituye, es el que he intentado seguir, guiada por otra practica de la letra, el psicoanálisis.” El escribir añade el acto a la letra “cuya marca todos sufren…”

Considerando entonces que la vocación del escritor respondería a simbolizar cierto tipo de experiencia subjetiva y a calificarla tal vez como cercana a la experiencia mística…

Ella concierta a lo que comanda la vocación del escritor con una mística, nombrándola al modo joyceano: “epifanías”, ubica esta modalidad en la lectura de los poetas como Rilke o Mallarme, epifanías q determinaron para cada uno: ”el efecto de cierta relación con el lenguaje, determinada por la misma práctica poética”…

La autora va realizando un recorrido escogido por los poetas, entre otros indica respecto de Mallarme (*), que busca en la crisis del verso la contingencia que bordea el absurdo de la relación del sonido con el sentido, por el juego de las relaciones sonoras entre los vocablos.

Entonces el poeta llega a un desprendimiento en el que surgen estos objetos: que son “…una voz y una mirada, como separadas, suplentes del goce sin pies ni cabeza del que ellas son el soporte, el sentido abolido.”, (Mallarme, ob. citada). Entonces es por la práctica de la letra que el escritor espera lo que no podría esperar de otra manera… la satisfacción de su acto mismo.

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