Por Ursula Kirsch
La invitación a escribir un texto para celebrar la reapertura de la Biblioteca de la Escuela en la nueva sede de la EFA convocó primero el recuerdo del momento de su mudanza. ¿Cómo se llevaría a cabo? La idea del traslado parecía conmover la ilusión de un todo sólido y unitario enmarcado en estantes. ¿Qué pasaría con cada una de sus miles de partes durante la movilización?
Puso en evidencia que el emplazamiento físico de la biblioteca estaba ligado a alguna forma de referencia. La biblioteca de la escuela. ¿Es porque se trata de libros? ¿Qué encierra para cada uno el “amor por los libros”?
Ahí recordé el nombre de la biblioteca: Oscar Masotta.
Se presentó primero lo instituido. Oscar Masotta, Norberto Ferreyra y Anabel Salafia fundaron la Escuela Freudiana de la Argentina. Luego, recuperé el dicho acerca de sus libros –no sabemos si todos, si una parte, o cuáles sí y cuáles no– fueron donados a la actual biblioteca.
Quiere decir que esta biblioteca cuenta con libros que formaron parte de su acervo personal. Su inventario, su enumeración, podrían aportar una información que no parece haber sido explorada. ¿Cuáles fueron los libros que O. Masotta leyó? ¿Cuáles fueron sus búsquedas, sus preguntas? Permitiría tropezar con la sorpresa de los autores que leyó.
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