Por Marisa Plástina

«Lo único abundante en casa eran los libros: había libros de pared a pared, en el pasillo, en la cocina, en la entrada, en los alféizares de las ventanas, en todas partes. Miles de libros en cada rincón de la casa. Se tenía la sensación de que si las personas iban y venían, nacían y morían, los libros eran inmortales. Cuando era pequeño, quería crecer y ser libro. No escritor, sino libro: a las personas se las puede matar como a hormigas. Tampoco es difícil matar a los escritores. Pero un libro, aunque se lo elimine sistemáticamente, tiene la posibilidad de que un ejemplar se salve y siga viviendo eterna y silenciosamente en una estantería olvidada de cualquier biblioteca perdida de Reykjavik, Valladolid o Vancouver».
Una historia de amor y oscuridad. Amos Oz

Freud aconsejaba para la formación de analistas, además del análisis personal, la literatura.

Aconsejaba leer.

Siempre comentaba algún texto que le hubiese impresionado en sus desarrollos teóricos y la novela era un modo de relato del que disfrutaba.

Lacan, además de llevarnos por la lingüística, las matemáticas y la filosofía,  se interesaba por el modo de decir de los poetas.

Ambos coincidieron en seguir el camino de la lectura.

 ¿A dónde nos lleva leer, una novela, un cuento, un ensayo…? ¿Qué pasa cuando leemos? ¿Qué leemos en un análisis?

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