Por Maria Gabriela Correia
Sobre el análisis con Ruth Mack Brunswick (*)
“Para este paciente, el análisis era Freud… Puede verse que mi propio papel en el presente análisis casi no tuvo importancia: no fui más que una mediadora entre el paciente y Freud.”
Ruth Mack Brunswick
Son bien conocidos el sin número de interrogantes que el caso del joven ruso, Serguéi Pankejeff, ha suscitado en la comunidad psicoanalítica. Se trata de un caso paradigmático en varios aspectos verificable por el testimonio mismo del “enfermo” que da cuenta de los efectos que el psicoanálisis produce en un sujeto y de los pormenores de esa particular relación que estableció por ese entonces con Freud, que dejó una profunda marca en la vida de esta persona. El hecho de contar con sus memorias nos aporta información sobre las inquietudes de Sigmund Freud en ese entonces, y de la situación de la práctica del psicoanálisis en los albores del descubrimiento del inconsciente, así como también de los detalles de ese particular encuentro que culminó en lo que hoy conocemos como el célebre caso del Hombre de los Lobos.
Este joven, totalmente incapacitado y dependiente por completo de otras personas, así lo describe Freud, acude a la consulta tras algunas fallidas internaciones, diagnósticos erróneos y ya desahuciado; y pese a que su médico personal no lo recomienda, él insiste en continuar sus sesiones con Freud. A partir de ese momento, aunque con interrupciones, siempre buscó ayuda, sino con Freud, con algún otro psicoanalista.
Su primer análisis se desarrolla entre 1910 y 1914, y es publicado por Freud como “De la historia de una neurosis infantil”. Luego, en 1919 hasta 1920, durante unos meses vuelve a análisis, hasta que un tercer pedido no se hace esperar y en esa ocasión Freud le recomienda que visite a una de sus discípulas, Ruth Mack Brunswick.
Hay que destacar que en el año 1923 Freud había sido intervenido quirúrgicamente por su cáncer de mandíbula, y Serguei Pankejeff quien pasó a la fama como “el hombre de los lobos” quedó muy impresionado al ver el aspecto desmejorado que presentaba.
Al año 1924, corresponden los penosos episodios que el joven ruso vivencia con los odontólogos, al punto de hacerse extraer piezas sanas de su boca. ¡Curiosamente el odontólogo que hizo la primera extracción se apellidaba Dr. Wolf! {significa lobo en alemán}
Tras estos episodios comienza su preocupación por una verruga en la nariz. En ese año es notable la coincidencia temporal entre la llegada de su madre desde Rusia, el llamativo grano en su nariz, y las intervenciones quirúrgicas de Freud. La presencia de estas afecciones en el joven lo condujeron a volver a consultar, ésta vez a Ruth Mack Brunswick.
La entrada en análisis no se hace esperar y el primer sueño relatado es una versión modificada del famoso sueño de los lobos, pero esta vez, con una llamativa sustitución: los lobos blancos del primer sueño -relatado a Freud- esta vez fueron sustituidos por lobos grises, en clara referencia al perro de policía -de pelaje gris-que había visto en sus visitas a Freud, y según el joven, era semejante a un lobo domesticado.
Esto la autoriza a Ruth Mack Brunswick a decir que el tratamiento con ella consistió en gran medida a desasir esos “restos transferenciales” no resueltos de su análisis con Freud.
El genio de la analista, su golpe de gracia estaba próximo.
Mientras el paciente le “endulzaba la oreja” a su actual analista, hablándole de los beneficios de este análisis en detrimento del análisis con Freud, se negaba a hablar de quien se había convertido en la causa del daño en su nariz: el profesor X, un dermatólogo recomendado por el mismísimo Freud. Brunswick es alertada por el propio paciente que este profesor era el sustituto de Freud y allí decide su golpe de gracia. Consistió en “minar la idea” que tenía el joven de creerse el “hijo favorito” de Freud, eso produjo una serie de sueños que indicaron la efectividad de lo que bien puede ser considerado como acto analítico:
En plena sesión, decide comunicarle acerca de la muerte del profesor X. Al recibir la noticia el joven inmediatamente salta del diván exclamando “ya no podré matarlo nunca más.” Mientras el profesor X era considerado por el joven ruso culpable de su daño en la nariz, Freud era culpado seriamente por la pérdida de su fortuna, al tiempo que el “enfermo” sostenía la idea megalómana de ser su “hijo predilecto”.
Allí Ruth dice, clavarle el aguijón tras comentarle que le sorprendía el hecho de no verlo en las reuniones que Freud organizaba en su casa. Así se instalará esta “segunda transferencia», que según ella se había convertido en un verdadero “estado de sitio”.
El odio hacia X, tenía su punto de partida en Freud, y Ruth lo invita a librar esa batalla, a conducirlo a ese atravesamiento.
En esto reside su éxito terapéutico y un “avance” en la cura, que bordea el objeto persecutorio en cuestión. La mirada de los lobos, él mismo siendo ese objeto en su fantasma, y un recuerdo acuciante que lo persigue: los brillantes ojos de los lobos le recuerdan al paciente que, en un tiempo cercano a ese sueño, no podía soportar que se lo mirara fijamente. Cuando eso le sucedía no podía parar de gritar: “¿Por qué me mira de ese modo?”
El contenido persecutorio del sueño evidencia en su significación central la vía de sustituciones constituidas, sustituye al padre por el lobo, y también introduce en esa línea a los odontólogos, los dermatólogos, Freud, y el profesor X. El carácterpersecutorio de ese objeto mirada en ese sueño se aproxima más a una pesadilla. Una serie de sueños acontecen emergiendo las huellas de ese primer sueño.
En la cura, se desembrollan esos “restos transferenciales”, vestigios del análisis con Freud, hasta clarificar el sueño de los lobos, donde las imágenes aterradoras se convierten en un “hermosos abrazo”, y lo aterrador y ominoso se ha convertido en hermoso y tranquilizador: el nudo se re-anuda.
(*) Suplemento a la “Historia de una neurosis infantil” de Freud {1928} Ruth Mack Brusnswick